¿Ni tampoco?

“Le negaron la solicitud de libertad condicional al oficial”, comentaba un periodista a través de una radio, y lo repitió no menos de tres veces. Y otra muchacha conductora de un programa de noticias por televisión informaba: “A esa pobre mujer le denegaron las prestaciones”. Ninguno de estos dos comunicadores sabe los significados de negar y denegar, los usan como si fueran sinónimos, y no lo son.

Negar es dejar de reconocer algo, no admitir su existencia: “Jorge niega que él esté casado” (él dice que no está casado). Negar es decir que no a lo que se pretende, se pide, se solicita: “Te niego las prestaciones porque no tenés derecho”.

Denegar es rechazar una oferta o propuesta (según su etimología latina): “Me han denegado mi solicitud de reintegro”, “La jueza denegó medidas sustitutivas a la prisión para la exdiputada”, “El director ha denegado a los profesores el permiso para que trabajen desde sus casas”, lo que sería equivalente a “Me han rechazado mi solicitud de reintegro”, “La jueza rechazó medidas sustitutivas a la prisión para la exdiputada”, “El director ha rechazado a los profesores el permiso para que trabajen desde sus casas”.

Sería absurda la expresión “A esa pobre mujer le rechazaron las prestaciones”, lo correcto habría de ser “A esa pobre mujer le negaron las prestaciones” (le dijeron que no se las iban a dar). “No es novedad, ni tampoco un secreto: Netflix quiere un Oscar”, he aquí otra falta sintáctica. Se sabe que el adverbio “no” significa negación: “No te pagaré”. También recocemos que “ni” es un enlace coordinante con valor negativo generalmente precedido de otra negación: “Pablo es nini, no trabaja ni estudia”, o “María, ni estudias ni trabajas”.

El adverbio “tampoco” se emplea para negar tras otra negación: “No es novedad, tampoco un secreto: Netflix quiere un Oscar”. “Ni” es un compuesto de “y no”, por lo que “ni tampoco” vendría a ser “y no tampoco”, una verdadera redundancia.