Camina conmigo

Oye, ¿por qué corres? ¿Por qué te has apartado de mí? Dices que la carga es muy pesada; vivir perfectamente. Y todo lo que puedes ver es cómo me fallas constantemente, cómo caes constantemente, cómo te dejas engañar constantemente (tu pecado).

Pero yo te digo: mi sangre te ha limpiado, tus pecados ya no son recordados. Así que ven y camina conmigo. ¿Sabes? Yo puedo liberarte porque quiero que estés conmigo eternamente. ¡Te amo tanto! Y quiero que sepas que Yo soy el que te está llamando…

“En esto consiste el amor —dice la Biblia—: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados” (1 Juan 4:10 NVI).

Yo le pregunto: ¿puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? “Aun cuando ella lo olvidara —dice el Señor—, ¡yo no te olvidaré!” (Isaías 49:15 NVI). Fíjese, entonces, querido lector, ¡qué gran amor es este que nos ha dado Dios, que se nos llame hijos! ¡Y lo somos! Si aceptamos su amor.

Por eso las palabras iniciales extraídas de la hermosa canción Walk With Me son para usted hoy. Si todavía no ha aceptado su amor, hágalo ahora.

Dígale: ¡Cuán precioso, oh Dios, es tu gran amor! Todo ser humano halla refugio a la sombra de tus alas (Salmos 36:7 NVI). Y yo quiero que me cobijes con tus alas.

Confieso, pues, con mi boca, que recibo tu amor, que acepto a tu hijo Jesús como señor y salvador, que creo en mi corazón que tú lo enviaste y lo resucitaste de entre los muertos, y que ahora vive y reina.

En mi corazón he atesorado su enseñanza para ya no pecar más contra ti. ¡Gracias por llamarme! ¡Gracias por liberarme! ¡Gracias por amarme! Quiero caminar contigo. Amén.