¿Cargando resentimientos?  

Dos monjes caminando hacia su convento llegaron a un río cuyo caudal había crecido por las torrenciales lluvias. Había ahí mucha gente temerosa que no se atrevía a cruzarlo. Ante esto, los monjes decidieron infundir valor a esas personas y las instaron a tomarse de las manos y enfrentar las aguas rápidas, juntos. Pero entre ellos, una joven muy hermosa estaba tan asustada que el monje más viejo decidió cargarla sobre sus hombros.

El cruce resultó un éxito, y ya del otro lado, la gente agradecida se despidió de los monjes que siguieron santamente su camino. Por largo rato marcharon en silencio, pero era evidente que el más joven, aunque callado, se mostraba preocupado. De pronto, no pudo más y rompió el silencio: ¿No crees, hermano, que fue una imprudencia cargar esa muchacha sobre tus hombros?

−Ella necesitaba el favor, respondió el más viejo. Y lo que yo hice fue ayudarle.
−Pero... añadió el primero, ¿No crees que el contacto de sus muslos y la tersura de su piel en contacto contigo, te hayan hecho pecar de pensamiento?

−Hermano, replicó sentenciosamente el mayor, yo dejé a esa joven en la orilla del río. Pero me doy cuenta de que tú, mentalmente, todavía la sigue cargando. ¿No le suena un tanto familiar todo esto? Sabe usted, hay gente que carga por años con resentimientos que debió, por su propio bien, dejar atrás. Por ejemplo, conozco una señora a quien su esposo humilló durante una reunión de amigos. Con algunas copas de más, y mucho sentido común de menos, la llamó alegremente “farolona ineficiente”, haciéndole burla por una falta insignificante. Más tarde, cuando estuvieron solos, se desató la tormenta. Eso no fue lo más grave. Lo que sí es realmente trágico es que la tormenta ha durado ya veinticinco años. Cualquier momento es bueno para recordar “aquel famoso incidente”. De nada han servido todas las disculpas y promesas del mundo. Quizá lo más cuerdo, lo que realmente debió de haberse hecho, era aclarar el punto... y olvidarlo.

Pero por desgracia hay más gente de la que imaginamos pagando con amargura y hasta con su salud, el cargar sus viejos resentimientos.

LO NEGATIVO: Empeñarnos en llevar la pesada carga del resentimiento de por vida.

LO POSITIVO: Ser capaces de dejar los resentimientos “en la orilla del río” después de haberlo cruzado.