La basura del Motagua

Este es el problema más serio en las relaciones con Guatemala. 47 municipios de este país, que no pudiendo o no queriendo, arrojan sus desechos sólidos al río Motagua y tres municipios hondureños, que irresponsablemente lo hacen, cubren de basura las playas hondureñas y amenazan las Islas de la Bahía.

El Ministerio de Relaciones Exteriores ha realizado en forma conjunta con el gobierno de Guatemala inspecciones del problema y aplicado soluciones cosméticas. Porque el Motagua, río guatemalteco, en el verano, apenas deposita sus aguas en el golfo de Honduras. Y es en ese período, en el que se han aplicado redes para detener la basura que estos municipios, guatemaltecos y hondureños, depositan irresponsablemente. En el verano funciona a la medida, pero en el período lluvioso, las redes son insuficientes.


No exageramos, diciendo que la solución es acomodaticia e irresponsable. Porque la que no resuelve los problemas es estúpido replicarla. Lo correcto es ir al origen del problema. Organizar vertederos en los 47 municipios de Guatemala y en los tres de Honduras. Para que los desechos sólidos no caigan en las aguas del Motagua y, en consecuencia, no afecten los intereses turísticos y ambientales de Honduras. Si no se hace esto, las soluciones son falsas; las reuniones entre funcionarios hondureños y guatemaltecos son inútiles. Y los problemas en vez de disminuir, por el crecimiento de las poblaciones y el mejoramiento de los niveles de vida, más bien se agravan.


En este caso, el gobierno de Guatemala afecta los intereses de Honduras. Esto no admite discusión. Y cuando ello ocurre, lo que cabe son negociaciones interestatales que resuelvan las dificultades dentro de la fraternidad normal entre los vecinos. Pero si ello no ocurre, es necesario recurrir a las soluciones supraestatales. Como este es un problema de índole económica, es muy posible que las autoridades de Omoa y Puerto Cortés, estén pensando en presionar al gobierno hondureño para que recurra, por lo menos, a la Organización Mundial del Comercio, para detener el flujo de basura que Guatemala arroja sobre las costas hondureñas, afectando los intereses turísticos de una zona clave para nuestra economía. Y aquí el gobierno tiene que mostrar por medio del Ministerio del Ambiente, que no sabemos si sigue funcionando o no porque no se sabe siquiera el nombre del titular, que está dispuesto a defender los derechos de Honduras.

Y como hay que empezar por casa se debe proceder de inmediato a establecer en los tres municipios hondureños que son cómplices en los daños en contra de las playas caribeñas, los mecanismos o vertederos para manejar los desechos sólidos, evitando que caigan en el cauce del río Motagua. De esta manera, tendremos oportunidades para exigirle, con ejemplos fraternos, a Guatemala que haga lo propio con sus 47 municipios.

Seguir como hasta ahora –en un ejercicio de nuestro tradicional complejo de inferioridad– limpiando las playas de Omoa, con paciencia benedictina, mientras Guatemala se desatiende un problema que afecte a su vecino, es un acto servil, que muestra debilidad y falta de carácter de las autoridades nacionales. Guatemala tiene muy buenas relaciones con Honduras e intereses comunes, no solo económicos, sino que además, de definiciones marítimas en el Golfo de Honduras, por lo que negociaciones rápidas, claras y directas deben ser utilizadas para resolver un problema que, en la medida en que pasa el tiempo, se agrava en forma peligrosa.

Es la hora de actuar enérgicamente. La Cancillería debe presentar las protestas respectivas e ir más allá de simples comisiones que en invierno, por razones obvias no visitan la zona, para proponer un programa efectivo que solucione este problema que afecta los intereses de Honduras.