El show de los desfiles

El covid-19 prohibió la celebración de los desfiles del próximo martes 15 de septiembre. Fecha conmemorativa por el 199 aniversario de la independencia en Honduras.

Estos actos cívicos se han degenerado desde hace muchas décadas por diversos aspectos. Desde el punto de vista económico, es un evento que acarrea demasiados gastos para los padres de familia y de mucho provecho para algunos sectores comerciales.

Debe ser un día de civismo, hermandad y de conciencia de lo importante del 15 de septiembre, porque indica independencia y libertad. Además para honrar la memoria de los próceres, entre ellos la del general José Francisco Morazán Quezada, quien, además, lo nombraron “paladín centroamericano” y quien también un 15 de septiembre de 1842 fuera fusilado.

Es decir es una fecha también de pena y luto, donde los actos deberían de realizarse dentro del orden de lo cívico y lo moral.

En los últimos años observar un desfile es analizar un exhibicionismo de desfiles irrespetuosos por parte de las bandas, donde los tambores y las trompetas tradicionales se hacen acompañar por una serie de instrumentos, ejecutando música vulgar e igual sus movimientos.

Las palillonas han sido la atracción por su belleza demostrada en sus exóticos y escasos trajes y para salir en esa actividad no es necesario sacar buenas notas y siempre ocupan el primer lugar en las publicaciones de los medios de comunicación.

Las autoridades de Educación, profesoras y profesores “modernos” no controlan estos desórdenes de los desfiles, más bien los promueven y hasta les dan premios a la mejor banda, que muchas veces han ganado por tocar y bailar reguetón.

Es vergonzoso y penoso ver a los políticos de turno coronando a esos próceres que fueron un ejemplo de valor, honor y honradez en un país llamado Honduras.