Día del Niño

En tiempos bíblicos los niños no tenían derechos, eran considerados como ciudadanos de segunda categoría, el término “paidos” con el que los evangelistas se refieren a los menores de edad, se alterna con la palabra “mikros” que quiere decir pequeño, Jesús mismo es consciente de esta realidad social de su tiempo, por eso aborda las aspiraciones de grandeza de sus discípulos asegurándoles: “Así pues, quien se humille como este niño, ese es el mayor en el Reino de los Cielos”.(Mt 18,4) Sus seguidores seguramente quedaron desconcertados, pues el maestro les pedía renunciar a los derechos ciudadanos como hombres libres que eran, pues el niño valía en la sociedad del siglo primero lo mismo que un esclavo, sin duda fue una imagen poderosa para aplacar y purificar toda ambición humana en la escuela discipular. Tristemente hoy en día los niños del mundo y de nuestro país siguen siendo víctimas de una humanidad endurecida que muchas veces se olvida que fue niño o niña, aún así, son muchos los esfuerzos que se han emprendido desde la segunda mitad del siglo pasado; ya para 1954, la Asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) mediante la resolución 836 (XI) con fecha del 14 de diciembre, recomendó que se instituyera en todos los países un día universal del niño, con el fin promover la protección de sus derechos. Al mismo tiempo sugirió que cada gobierno escogiera la fecha en que lo celebraría. Desde 1990 el Congreso Nacional fijó el 10 de septiembre como el Día del Niño hondureño. Seis años después en 1996, se aprobó el Código de la Niñez y la Adolescencia con el objetivo de generar la protección integral de los derechos de los menores de edad. Existen ocho derechos universales de la niñez que toda sociedad civilizada del siglo XXI está comprometida a velar que se cumplan:

1) Derecho a la igualdad. 2) A una protección especial. 3) A un nombre y a una nacionalidad. 4) A la alimentación, vivienda, atención médica adecuada y digna. 5) Acceso a la educación gratuita y a un tratamiento especial para aquellos que sufran alguna discapacidad. 6) Derecho al amor y a la comprensión de sus padres y de la sociedad. 7) El derecho a jugar y recrearse. 8) El derecho a ser los primeros en ser auxiliados en situación de peligro. 9) A ser protegidos contra el abandono, la crueldad y la explotación. 10) El derecho a ser criados con valores y principios.

Al leer cada uno de ellos a la luz de nuestra realidad, es imposible que no se nos haga un nudo en la garganta, pues a la vista y paciencia de muchos se violentan a diario la mayoría de estos presupuestos mínimos para que exista en Honduras un auténtico respeto por los derechos de la niñez. Los acicates de la pobreza, la ignorancia o abusos de sus padres o cuidadores, la indolencia de las instituciones y el flagelo inhumano de la corrupción le arrebatan a la mayoría de los más de 3.4 millones de niños hondureños el derecho a reír, a jugar, a soñar y a ser felices. Ojalá que hoy 10 de septiembre recordemos las palabras del papa Benedicto XVI: “Los adultos somos custodios de la alegría de los niños, porque la alegría es como la tierra buena, hace crecer bien la vida”.