Ética y educación formal

Está claro que la formación ética de las personas es trabajo de las familias. Es ahí en donde se aprende a diferenciar lo malo de lo bueno, a apreciar la belleza, sobre todo en el orden de las cosas, y a procurar una consonancia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace, es decir, a construir una vida coherente. Que todo lo anterior es parte de la conducta ética.

Sin embargo, de siempre, la escuela fue una aliada importantísima que no solo secundaba a los padres, sino que, en más de una ocasión, los sustituía, por lo menos en la transmisión de ciertas nociones relacionadas con un comportamiento que propendiera a la integridad y que facilitara la convivencia con lo demás.

En el caso de Honduras, durante años, el currículum escolar incluía, en el nivel medio, una materia a la que se llamaba “Moral y urbanidad”. Mediante ella se buscaba sistematizar y proponer a los estudiantes algunos conceptos que destacaban una serie de valores y virtudes indispensables para aspirar a una existencia plenamente humana, claramente diferenciada de la puramente zoológica.

Durante la década de los 70 se impulsó una reforma curricular y, tanto el nombre como los contenidos de la materia, sufrieron cambios. El curso pasó a llamarse Educación Moral y Cívica. Se mantenía la formación ética; el patriotismo es un valor y una virtud fundamental para la convivencia civilizada, pero se reducía la temática relacionada con el comportamiento social en cuanto a buenas maneras, urbanidad. Y, la verdad, verdad, es que esa exclusión fue una lástima, porque si hay algo que nos hace distintos de los animales es la manera como nos saludamos, como tomamos los alimentos o como alternamos cotidianamente con los demás, entre otras cosas.

Pronto, antes que terminara esa misma década, un nuevo planteamiento curricular quitó la palabra moral del nombre de la clase y se le llamó llanamente Educación Cívica.

Quedó alguna temática relacionada con la ética, pero se convirtió, básicamente, en un estudio de la Constitución y otras leyes. Equivocadamente, se había concluido que la moral era un asunto personal y que la escuela nada tenía que ver con opciones individuales de vida; que cada quien viviera como quisiera, siempre y cuando respetara las normas constitucionales, como si la vida privada y la vida ciudadana no tuvieran conexión entre sí.

Nada más equivocado. De hecho, años después, la materia desapareció del llamado currículum nacional y algunos de sus contenidos se agregaron a los estudios de las Ciencias Sociales.

Hace algunos años se introdujo un curso de ética entre las materias de los múltiples bachilleratos. Se toma solo durante un semestre. Se convirtió en algo prácticamente marginal. Por eso estamos como estamos…