¡Fantasmas!

En su canción Ghost (Fantasma), Matthew Parker dice lo siguiente: “Me llamas ‘ángel’; dices que soy un hombre con conciencia. Pero no me veo la aureola. Me estoy mirando en el espejo lleno de remordimientos. No sabes la mitad de la verdad; tú no conoces mis secretos. Escucha de cerca, mi amor, porque no quiero decirlo: ¡estás enamorada de un fantasma!”. Créalo o no, querido lector, esta letra me recuerda a la iglesia, sí, la iglesia cristiana que dice —con ese apelativo— que sigue a Cristo y practica su enseñanza.

¿Por qué hay tanta crítica contra la iglesia cristiana? ¿Por qué a muchos no se les pude ni nombrar? ¿Por qué muchos no se cansan de decir que la iglesia es una farsa, un invento del ser humano? Porque está llena de fantasmas. Y los fantasmas asustan. Ahuyentan.

Amenazan de un riesgo inminente o temor de que sobrevenga. Pero eso no es todo, fantasma también se le llama a una persona envanecida y presuntuosa. Y de estos hay muchos dentro de la iglesia. Personas, como dice la canción, que se hacen llamar “ángeles”, pero que son diablos.

Personas que incluso aseguran tener el poder de Dios, cuando en realidad es el del espantajo que los oculta. De estos dice la Biblia “cuidaos…, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15-16).

Pero fantasma también puede ser aquello inexistente o falso. ¿Nota la similitud, querido lector?

De ahí que la recomendación sea la siguiente: si usted se siente decepcionado de la iglesia cristiana o de alguien que se hace llamar cristiano, mire a Cristo, Él es el que salva, y acuérdese de los “fantasmas”, que en realidad son personas muertas (espiritualmente) que, según algunos, se aparecen a los vivos. Parafraseando un poquito el proverbio: en el agua se refleja el rostro, y en el corazón se refleja Jesús. Téngalo en cuenta, querido lector.