Un aprendizaje

La pandemia no es algo querido o esperado, y ya hace meses que estamos enfrentados a esta situación que perturba y reta. Es increíble cómo el problema sanitario de Wuhan en la provincia de Hubei, geográficamente tan lejano, se ha vuelto un acontecimiento de nuestra nación, pueblo, cuadra y casa, una noticia que nos parecía exageradamente distante está ahora a la vuelta de la esquina, y genera la impresión de algo que no acabará pronto.

A partir de este panorama, algunos hablan de la “nueva normalidad”, hay diversas interpretaciones de esta expresión: religiosa, social, cultural y económica, y es difícil intentar soslayar esta experiencia que día a día resuena en nuestros oídos. También la manera en que afrontamos la pandemia de covid-19 se realiza en distintos niveles, unos con una labor laudable, incluso sacrificando su propia vida, y otros que con su falta de conciencia y terquedad al no implementar las medidas de bioseguridad siguen comprometiendo su propia vida, la de su familia y nación. Son diversos rostros y actitudes las que se dan dentro de esta crisis sanitaria.

Al hablar de la “nueva normalidad”, significa un proceso de acoplarnos. El psicólogo Jean Piaget sostenía que el aprendizaje se adquiría debido a la interacción de los individuos con el exterior y de acuerdo con los procesos cognitivos que son: asimilación, acomodación y equilibración. Esta perspectiva ajustada a la experiencia que vivimos nos desafía a construir una manera de ver y actuar en la vida. Por eso la asimilación de este evento pandémico lo percibimos en los diversos sentidos y efectos, esto marca un antes y un después, esta transición es traumática, y el estrés provocado tiene diversos niveles: unos han entrado en depresión o se han vuelto violentos, otros actúan con serenidad y otros ven una oportunidad.

No dudamos que esto nos obliga a modificar la manera en que vivimos, no somos ajenos al dolor e incertidumbre, esta percepción nos lleva asumir nuevas actitudes y acciones. Todo se equilibra entre aprender y apropiarnos, pues nuestro ser está de frente a esta realidad que expresamos con palabras y encaramos con acciones.

La vida que habíamos llevado está llamada a reestructurarse para asumir nuevos retos. Una palabra adecuada es la adaptación. Charles Darwin postuló que solo los individuos que mejor se adapten a su entorno son los que sobrevivirán. Esto significa que en el momento histórico en que vivimos, nuestras actitudes se vuelven decisivas entre vivir o morir, es una advertencia para los insensatos y necios que no quieren adaptarse y rechazan la prevención.

El cristianismo es un ejemplo de adaptación, de respuesta a las novedades y circunstancias, y la vida del cristiano es un proceso de aprendizaje y equilibración. Hay una frase bíblica que dice: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo; pero si muere produce mucho fruto» (Cf. Jn 12,24), es un proceso a veces doloroso, pero es necesario renovarse. Es el paso de la evolución de lo imperfecto a lo perfecto, un camino de crecimiento que nos permita disfrutar de nuestra existencia.