Limpiar el corazón  

Aprendí de mi madre a almacenar todo detalle que llegó a mis manos de una manera compulsiva. Todo era útil y necesario. No podía tirar ninguna cosa porque mis hijos, nietos o parientes tendrían necesidad de mis tesoros y yo me sentiría feliz al ayudarles. Todo lo guardaba celosamente. Y lo peor de todo es que lo disfrutaba grandemente.

Así fueron pasando los años. Cuando mi mamá murió nos tocó limpiar su casa. Revivimos muchos momentos, memorias olvidadas a través de sus pertenencias, papeles viejos, fotografías antiguas, vajilla y cerámica rotas, libros en italiano, en fin, mil cosas que hablaban de una época pasada y definían el carácter de la dueña de casa. Yo no quería hacer lo mismo.

Pero pronto se me olvidaron los buenos propósitos y los papeles siguieron acumulándose. Por eso, este año he estado trabajando en la limpieza de mi casa. Me sorprendí rompiendo papeles viejos, sacudiendo cajones, hurgando en mi pasado y echando a la basura lo que en algún momento guardé y ahora lo deshecho. Rompí cartas y tarjetas de mi esposo, de mis hijos y nietos, de mis hermanos, de mis sobrinos, invitaciones de boda y graduaciones, flores y folletos de bautismo, boletos de opera, de hoteles y parques internacionales, manuales de artículos eléctricos que ya no existen, oraciones y estampas de defunciones, calificaciones de mis hijos, llaveros, abanicos, cajitas y otras miles de cosas sin utilidad.

Igual que en la casa, los seres humanos atesoramos por años sentimientos negativos como el odio, el egoísmo, la envidia, la vanidad, obstruyendo el espacio para el amor, la compasión, el perdón y el servicio. Si tenemos orden en la casa y limpieza en nuestros sentimientos, tendremos espacio para llenarlo con lo mejor de nosotros, primero con un gran lugar para Dios, después otro para la familia y los amigos, todo con sus prioridades.

En estos momentos en que disponemos de mucho tiempo libre, durante esta pandemia, podríamos empezar a limpiar cajones y también nuestro corazón... Seremos más felices... y haremos felices a los demás...