No regale sus ojos mientras viva

Cuentan de un niño que en el cine estaba sentado justo detrás de un hombre corpulento, de anchas espaldas y melena abundante. El hombre se balanceaba emocionado constantemente. Como no había un solo asiento vacío para cambiarse, el pobre muchacho se movía también de izquierda a derecha para poder ver la película. Cuando la frustración del niño se tornó insoportable, protestó: −Oiga, Señor, no se mueva tanto, no me deja ver la película.

Una mujer que estaba junto al hombre salió en defensa de este, y le dijo: −Mira niño, si no puedes ver la pantalla no te preocupes, lo que debes hacer es reírte cuando nos oigas reír a nosotros.

Por supuesto no pasa de ser un mal chiste. Pero hay alguna gente que en lugar de ver en la pantalla de la vida, mira la cara del jefe, del maestro o del líder, y atento a sus señales, está listo para enojarse, reír o emocionarse. ¿No sería más sensato usar nuestro propio criterio para decidir lo que está bien y lo que está mal?

Platón, en la antigua Grecia, narraba el mito de la caverna. Vivían en ella unos esclavos encadenados en el fondo más oscuro, observando engañados los reflejos de la realidad en una pared que tenían frente a sus ojos. Hablando simbólicamente, Platón mostraba a sus alumnos que cuando la gente se concreta a ver tan solo el reflejo de la realidad actúa de acuerdo con un engaño. Así por ejemplo, en una determinada situación, centrarse en uno de los puntos de vista, quizá el más popular y negarse a considerar siquiera el punto de vista contrario, nos hace correr el riesgo de equivocarnos. Asumimos posiblemente la posición más cómoda en lugar de formar nuestros propios juicios. Acabamos así regalando los ojos mientras vivimos. Por eso, William James, el famoso profesor de Harvard, decía que llega un momento en la vida en que nos damos cuenta de que la aceptación incondicional es absurda y la imitación suicidio.

Cuando le digan algo, usted tiene derecho a pensar por sí mismo. No tiene ninguna obligación de aplaudir solamente porque los demás aplauden; o criticar solamente porque los demás critican. La conclusión es clara: “No regale sus ojos mientras viva”.

LO NEGATIVO: Seguir la opinión ajena, incondicionalmente.

LO POSITIVO: Ser todo lo imparcial posible. Recabar información y formar nuestros propios juicios.