Crisis poscovid-19

La epidemia aún no termina, estamos lejos, lejísimos de ni siquiera acercarnos al pico de la curva para descender posteriormente a aplanar la misma. De hecho, los contagios reportados oficialmente por Sinager llevan un promedio de dos semanas de retraso. Ello significa que los más de 15,000 casos públicos en el territorio nacional pueden ser solo la punta del iceberg y que el subregistro de los compatriotas contagiados sea el doble o triple de dicha cifra.

Si bien es cierto ello constituye un enorme desafío sanitario actual -mucho más para un Estado incapaz al que solo le interesan las armas mas no la educación y la medicina-, pero también es imperativo asumir responsabilidades por el abrumador horizonte que se visualiza pospandemia.

Los organismos internacionales han pronosticado que en América Latina el impacto económico de la pandemia será fuertísimo trayendo millones de nuevos pobres a nuestras sociedades; si eso se aplica a países latinoamericanos con mayor desarrollo que el nuestro, ¿qué habremos de esperar en estas honduras donde la corrupción que llega al infinito no permite ni siquiera despegar del suelo? Si antes de la pandemia los indicadores de desarrollo de Honduras mostraban graves retrocesos, lo que se viene en la era pospandemia en el área económica y social para el país realmente es apabullante; la brújula se perdió hace muchísimo tiempo y ahora solo se naufraga a merced de las olas que anegan la embarcación.

Aún con toda la ineptitud ya comprobada del Estado, este debe prever acciones prácticas para hacer frente a la crisis social que se avecina en forma de desempleo masivo, inseguridad ciudadana, hambre, y todo tipo de crisis. Igualmente el ciudadano debe asumir responsabilidad cívica en enfocar su atención en una nueva esperanza para elegir al mejor, en primera instancia en las elecciones internas de los partidos políticos en marzo de 2021 y posteriormente en las elecciones generales de noviembre del próximo año.

No podemos seguir teniendo en el país las autoridades como las de la última década, no es justo ni viable para el futuro de la república.