Serenidad y sabiduría

Era un lugar especial aquél; tenía cierta magia. Me gustaba visitar la clínica de mi papá, un médico entregado a su profesión y al contacto con la gente. No era un lugar lujoso, ni mucho menos, sino un pequeño espacio, oloroso a desinfectante, establecido en el barrio Medina de San Pedro Sula.


Entrar allí era para mí, en cierto modo, adentrarme a la perspectiva que mi papá tenía de la vida. Nunca quise estudiar Medicina, una profesión que respeto mucho, pero por la que no tuve inclinación alguna; mi interés era observar todo y leer lo que él solía poner entre la superficie del escritorio y un vidrio de protección que lo cubría.


Tantos años después de la última vez que visité ese lugar -mucho más de los que quisiera- para despedirme y guardar sus cosas en su ausencia, algo de lo que leí allí viene a mi mente con muchísima claridad. Era un texto en letras amarillas, sobre una delgada tela color verde oscuro.


El texto que yo leía siempre que estaba allí, una plegaria a Dios, rezaba “Concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar. Valor para cambiar las que sí puedo y sabiduría para distinguir la diferencia”.


Me gustaba preguntarle a aquel hombre sincero por qué era tan importante aquello de “distinguir la diferencia”. ¿No era más fácil clamar por la solución de todo? Eso abría la conversación que yo disfrutaba.


En esas conversaciones aprendí que la serenidad y la sabiduría son indispensables y que difícilmente pueden estar separadas. Cuando la calma nos abandona, las posibilidades de pensar con claridad y cordura también se esfuman; por otra parte, sin sabiduría, las decisiones serán erróneas.


Él me decía: pedir discernimiento es aceptar que tenemos la responsabilidad de ser partícipes de nuestro destino, por eso el valor es indispensable. “Cuando seas adulta lo entenderás mejor”, le decía a aquella versión mía, muy joven e inquieta.


Hoy, a través de los recuerdos, especialmente en el contexto de incertidumbre provocado no solamente por la pandemia de covid-19, sino también por la situación sociopolítica producto de la corrupción desmedida, esa experiencia adquiere total vigencia.


Un comentario de un amigo activó mi memoria cuando me señalaba lo incierto de estos días y cómo debemos enfocarnos en lo que podemos controlar. La mejor respuesta que puedo encontrar: con serenidad y sabiduría.


Evaluando información y posibles escenarios, actuando con objetivos bien definidos y no solamente por impulso, buscando el equilibrio entre los hechos, los deseos y las emociones.

Esto es aplicable no solamente a las decisiones individuales, sino también a las colectivas.
Nos encontramos en un momento de la vida nacional que puede marcar nuestro presente, pero de manera especial, nuestro futuro y el de las nuevas generaciones.


Clamar a Dios por discernimiento es importante, así como también lo es tener la buena disposición de actuar en concordancia. Debemos mantener la serenidad y buscar la sabiduría, con mente abierta y con la intención de actuar por el bien de todos.