Los dos tesoros

Se dice que el empresario Jean Paul Getty dijo en cierta ocasión: “Cuando no se tiene dinero, solo se piensa en él. Y cuando sí se tiene, solo se piensa en él”. No podemos negar que existe en el ser humano una especie de obsesión por tener dinero. Ahora bien, “desde el punto de vista de la ética, el dinero no es ni malo ni bueno.

El dinero no tiene voluntad; y por eso la Biblia advierte, no contra él, sino contra la mala administración del mismo” (Antonio Estrada).Por eso vemos que Jesús, como un asesor financiero experto, aconsejaba a sus oyentes sobre cómo invertir el dinero adecuadamente (Mateo 6:19-21).

Por un lado, decía él, es insensato dedicar la vida a la acumulación egoísta de bienes (tesoros). Porque estos se pueden perder fácilmente, sea por deterioro, despilfarro o robo, y hoy día por inflación, devaluación o crisis económica. Además, estos no acompañarán a la persona en la otra vida. Lo sabio o prudente es, más bien, “hacer tesoros en el cielo”, o sea, utilizar lo que tenemos como Dios quiere que lo usemos. Esto implica dejar de pensar solo en nosotros mismos y usar el dinero y las posesiones materiales para ayudar a aquellos que tienen menos que nosotros.

Esta forma de actuar tendrá un impacto significativo en la realidad y será de enorme valor cuando comparezcamos ante el Señor al final de los tiempos. En el fondo, estas dos perspectivas son totalmente antagónicas: o vivimos los valores de la solidaridad, el altruismo y la generosidad, para construir una mejor sociedad y para la promoción de la vida, o vivimos solo para nuestros lujos, comodidades y proyectos personales, en total indiferencia ante los problemas del necesitado, lo cual acarrea destrucción de vidas y deterioro social. Una visión es sublime, la otra, perversa. ¿Cuál de estas es su filosofía? En esta pandemia, ¿qué escogeremos? ¿Ayudar o desentendernos? ¿Salvar o aprovecharnos del prójimo? En nosotros está el marcar una diferencia positiva, porque de la visión egoísta ya hemos tenido suficiente en nuestro país.