Testimonio de un recuperado

Don Antonio, un hombre de 70 años, relata que el dar positivo por covid-19 en el mes de abril pasado era una sentencia de muerte por ser mayor de edad y más que todo porque vive en Honduras desde hace 50 años.

Describe este señor de apellido árabe, pero de escasos recursos económicos, que lo más penoso y vergonzoso de esta su segunda nación es que los distintos Gobiernos de cualquier color político nunca se han interesado por la salud y la educación del pueblo.

Señala con voz quebrada y agresiva que los pocos hospitales públicos que existen en el país están vacíos de medicamentos pero llenos de personal médico, especialmente los altos cargos, afiliados al partido de Gobierno de turno.

Don Toño relata que si al menos desde 1982 que empezaron los civiles a gobernar, donde han desfilado 10 mandatarios, liberales y nacionalistas, desde Roberto Suazo Córdoba hasta el actual, Juan Orlando Hernández Alvarado, cada uno hubiera construido un hospital fuera otra historia de la salud del país.

“Este coronavirus agarró al sistema de salud con los pantalones abajo, empezando por la ministra de salud, que es una profesora, claro, tiene que ser cachureca”, condena este emigrante palestino, con medio siglo de residir en el popular barrio Guamilito de San Pedro Sula y de ser testigo del endeble sistema de salud.

No hay duda de que lo más lamentable de esta epidemia es la muerte de esas personas y la corrupción del Gobierno, que se aprovecha de esta desgracia del pueblo.

Al menos don Antonio es uno de los 1,546 recuperados y no de los 417 fallecidos hasta el miércoles pasado y que fueron víctimas del covid-19 y del irresponsable sistema de salud, manejado endémicamente por políticos de turno en un país llamado Honduras.