Todo estará bien

Schopenhauer, ilustre filósofo del siglo XIX, escribió: “La salud no lo es todo, pero sin ella todo lo demás es nada”. Es interesante pensar que muy pocas personas son, en condiciones ajenas a una pandemia, conscientes de su salud, o al menos de la ausencia de enfermedades en su cuerpo.

Lo normal es “estar sano”, por lo que en culturas como la nuestra es lo cotidiano buscar atención de salud solamente cuando percibimos que algo no anda del todo bien, ya sea en nosotros mismos o en alguno de nuestros familiares (siempre he admirado en mi consulta médica a las madres que ofrecen con lujo de detalles los malestares de sus hijos más pequeños, es casi como si ellos mismos hablaran), muy poco o nunca acudimos a buscar atención de salud por una revisión de rutina, o para confirmar que estamos bien.

Según la OMS, protagonista en estos últimos meses, salud es “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

Conociendo eso, se deduce que no es fácil estar saludable. Todos, en mayor o menor grado, carecemos de completa salud.

Escribo estas líneas pensando en estos básicos conceptos de la Medicina e inspirado en las vallas que adornan San Pedro Sula desde hace unas semanas. Constan de una simple frase acompañada de una casi infantil carita feliz en un fondo monocromo: “Todo va a estar bien”. Con esto no pretendo ser impulsador del ente que ha colocado este tipo de publicidad en los bulevares de la Capital Industrial; sin embargo, creo que llenan la ciudad de un espíritu esperanzador para todos.

Para un médico que va conduciendo su auto después de un arduo turno de 24 o 36 horas sin los más elementales materiales para trabajar, leer esto seguramente ofrece algo de consuelo; o para un conductor de ambulancia en medio de una emergencia con un paciente con mucha dificultad respiratoria, o para un hijo que sabe que su madre está en casa o en una sala de hospital con prueba positiva para coronavirus. Con solo que haya una invitación a pensar que de verdad todo va a estar bien conforta de alguna manera, y aunque en el fondo sepamos que probablemente no sea así, es un inicio para que nuestro cerebro vea las cosas de otra manera, alimentando el bienestar mental que forma parte de la definición de salud arriba descrita.

Ahora, ¿hará justicia esta frase para aquellos que se han visto afectados directamente por el virus? ¿Qué hay de aquellos que, lastimosamente, han perdido la batalla, o de sus familiares y amistades que han quedado llenos de dolor por sus pérdidas? ¿Todo estará bien para ellos? Difícil de responder. Justo es empatizarnos con ellos, sentir con ellos. Puede que, Dios no quiera, nos pase a nosotros en un futuro no muy lejano. Al fin y al cabo, la salud es también algo de carácter social, y no solo personal. Cuesta escuchar casi a diario en el ámbito laboral médico, e incluso a nivel familiar, que ha fallecido algún conocido.

Hace unos días platicando con uno de mis mejores amigos sobre la muerte por covid de un querido médico en esta ciudad me decía: “Siempre andaba sonriente, y era de los pocos que hacía vigilia la noche entera junto al resto del equipo”; y el fin de semana recién pasado, un antiguo compañero de trabajo de mi madre también fue afectado por la enfermedad a grado de muerte. Es difícil saber que hay personas todavía que creen que esta enfermedad es un invento. Lo que no es invento es que hay gente que muere a diario por esta causa, miles alrededor del mundo. Para cambiar eso, es necesario comenzar por cambiar la manera de pensar, y luego, actuar coherentemente.

¿Todo va a estar bien? Sí, porque depende de mí. Sin salud, todo lo demás es nada.