Altos salarios en el Estado

Parece que los tiempos de la vacas gordas terminaron para los hondureños, pero no para los burócratas que ocupan los más altos cargos de la administración pública. Fue al comienzo de la pandemia que se denunció el pago de bonos y el aumento millonario de salarios en el Banco Central de Honduras.

Pero claro, como aquí los escándalos son una forma de vida y en este momento hay demasiado de qué ocuparse, aquella denuncia pasó al cofre del olvido como casi todas las denuncias en la misma dirección. Los escandalosos aumentos de salario y el pago de bonos a los más altos ejecutivos del BCH hicieron que la población reparara en ellos, debido a que se acercaba el momento de las vacas flacas para Honduras. Aquí no se trata de determinar la calificación académica del empleado público, por muy alto cargo que ocupe, sino determinar si estos salarios están acorde con el país y con la realidad económica del mismo.

Y más allá de eso nos preguntamos quién determina semejantes aumentos salariales y el pago de esos bonos, porque si no existe a nivel gubernamental una entidad que regule y determine los salarios del aparato burocrático, entonces tenemos que suponer que esos aumentos los determinan los mismos beneficiarios, es decir, esto funciona como si a mí me preguntaran cuánto quiero ganar.

Cuando muchas naciones latinoamericanas se plantean y varias lo han hecho ley, la rebaja en el salario de los burócratas mejor pagados del Estado en Honduras parece no tener eco, a pesar de la drástica caída que tendrá nuestro producto interior bruto y el significativo porcentaje del mismo que se ocupa para el pago de los salarios de la burocracia. Sabemos que los niveles salariales del Estado sobrepasan el nivel saludable respecto del porcentaje de nuestro PIB que recomiendan las entidades de crédito internacional, pero esto no ha sido motivo para producir algún cambio.

Empero, en las actuales circunstancias cuando la mayoría de los hondureños ve mermados sus ingresos de una forma dramática es obligatorio que se plantee una reducción de salarios de los más altos cargos del Estado, ya que algunos altos cargos del aparato gubernamental incluso ganan más que el propio presidente de la república. O será que ni aún en tiempo de vacas flacas la palabra austeridad se desconoce en el engranaje estatal.

Ahora gracias a la información pública disponible, el pueblo hondureño puede contemplar de cuerpo entero las incongruencias que existen entre el nivel de ingresos del común de los hondureños y los altos ingresos de los burócratas, que en muchas ocasiones no está determinado por los méritos del empleado, sino por las influencias políticas que lo llevaron a ese puesto. Ese derroche se pudo tolerar en otros tiempos, pero en estos momentos es totalmente injustificado y una ofensa ante el hambre de la población.