Picos en la curva

Estamos en un escenario realmente caótico y doloroso: mientras las curvas están en pleno ascenso nos preguntamos cuál de ellas llegará primero a la cúspide: si la de los contagios o la de corrupción.

Es una lucha por la supremacía realmente denigrante para el pueblo hondureño, pues la circunstancia presente representa un desafío sin precedentes en la amenaza de contagios de un virus tan peligroso, y a la vez, la misma pandemia está siendo utilizada para llevar a cabo horrorosos actos de corrupción que excavan el erario. Al inicio de la emergencia se han ofrecido nada más y nada menos que 94 hospitales y hasta ahora solo hay carpas instaladas en las afueras de los centros asistenciales del país, es una ignominia sin nombre aprovecharse de una circunstancia sanitaria tan dolorosa para hacer negocios con los recursos públicos. Se ha perdido tanto la credibilidad del estado fallido –que se lo ha ganado a pulso por las ilegalidades, violaciones a la Constitución de la República, megafraudes, entre otros- que un asunto tan serio como un diagnóstico médico sobre una persona se pone en tela de juicio, y se hace necesario que salgan a la palestra funcionarios a tratar de convencer a la población de la veracidad de tal extremo.

Es triste observar cómo el vecino país de El Salvador inauguró este fin de semana la construcción de la primera fase del hospital más grande de América Latina, y Honduras con el más alto presupuesto aprobado en el istmo centroamericano por la pandemia celebra que pasó de una carpa a un toldo en las afueras de un centro hospitalario.

Ahora es cuando está pasando amarga factura el desfalco de más de seis mil millones de lempiras al IHSS, ahora es cuando la democracia está alejada de los hospitales, y el Estado de derecho brilla por su ausencia en el acompañamiento a los médicos y enfermeras. Ahora es cuando requerimos pedir cuentas a quienes gobiernan de tan desastrosa administración de la crisis.