Retomar la vida cotidiana

Hoy se inicia la reapertura de la economía, un tema que despierta opiniones diversas y muchas veces encontradas. Si es conveniente o no, si se trata de un dilema ético, son algunas de las interrogantes que surgen.

Nos empeñamos por clasificar los temas y las situaciones, algo completamente entendible por razones de estudio y medición de impactos con la finalidad de prevenir, reparar y mitigar, pero difícilmente aplicable en la complejidad de una situación como la que vivimos no solamente en Honduras, sino en el mundo entero.

Quizá por eso, durante tanto tiempo no hemos entendido que la falta de atención al medio ambiente tiene repercusiones directas tanto en lo económico como en lo social; que esas tres dimensiones son interdependientes.

¿Cómo separar los temas, cuando la vida misma se encarga de demostrarnos que están íntimamente ligados? El bienestar económico y social, que incluye aspectos vitales como el empleo y el acceso a servicios de salud y educación, van de la mano. Es difícil hacer una división sin que se afecten mutuamente.

En ese contexto, retomar la actividad productiva, si bien es cierto que tiene como actores principales a las empresas, está relacionado con el bienestar de toda la sociedad. No se trata de volver a lo que considerábamos como normalidad anteriormente, sino de retomar la vida, asumiendo nuevas reglas indispensables para resguardar la salud de todos.

Las empresas generan empleos directos, pero también múltiples empleos indirectos a través de su cadena de valor; además, generan impuestos que se traducen –o deberían hacerlo- en servicios para la población, como los de salud. Retomar la vida cotidiana, paulatina y progresivamente, implica que cada uno, personas naturales y jurídicas, debemos asumir el serio compromiso de cuidarnos, desde lo individual, pero pensando siempre en el bienestar colectivo.

Asumir la propia responsabilidad, por encima de las condiciones complejas y en muchas ocasiones adversas es ahora más necesario que antes.

Mientras eso sucede no debemos dejar de poner en evidencia que la corrupción arrebata al país la posibilidad de acceder a mejores condiciones de desarrollo; tampoco debemos ceder en la exigencia de transparencia en el uso y manejo de fondos públicos millonarios.

Retomar la actividad económica y productiva no significa cerrar un capítulo, como podría interpretarse erróneamente. Significa dar respuesta a las mismas necesidades económicas y sociales de nuestro país, cuya buena parte de la población ya se encontraba en situación socioeconómica precaria.

Las medidas que debe tomar el país, aún con las serias limitaciones que implica no tener un panorama muy claro sobre la situación real de Covid-19, debido al bajo número de pruebas que tenemos, deben corresponder a la situación que vive la mayor parte de la población. En ese sentido es difícil comparar nuestra realidad con la de países desarrollados.

Para que la reapertura inteligente de la economía logre el beneficio que deseamos para todos, es indispensable que cada actor cumpla su papel, eso incluye a las autoridades y las empresas, y de manera especial a los individuos que debemos cumplir con las normas establecidas. Y allí aún queda mucho por hacer. No bajemos la guardia.