Sobre las pandemias

Pensando y reflexionando en los acontecimientos que actualmente sobresalen alrededor del mundo, una cosa queda expuesta totalmente a la vista: la necesidad de Dios del ser humano. La Biblia dice: ama a tu Dios con todo lo que piensas, con todo lo que eres y con todo lo que vales.
Apréndete de memoria todas sus enseñanzas y repítelas a tus hijos a todas horas y en todo lugar: cuando estés en tu casa o en el camino, y cuando te levantes o cuando te acuestes.

Escríbelas, cuélgalas de la pared, apúntalas en las puertas de tu casa y en los portones de tu ciudad (Deuteronomio 6:5-9, TLA). Todo eso, ¿para qué? Para, primero, no ser engatusado por nuestro corazón. Esto es lo que dice el profeta al respecto: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). Y segundo, para no terminar cometiendo acciones indebidas o reprensibles. Esto es lo que nos advierte ahora el profeta: “Ustedes tienen las manos llenas de sangre por los crímenes que han cometido. Ustedes mienten y maldicen. Nadie se presenta ante el juez con buenas intenciones, y en los juicios falta la honradez. Confían en la mentira y nadie dice la verdad. Están llenos de maldad y no lo disimulan… (Ustedes) Se apresuran a cometer crímenes y corren a derramar sangre inocente; a su paso quedan solo ruinas” (Isaías 59:3-7, TLA). Si le pareció bastante similar a las pandemias que se pueden ver en los videos y las noticias no es pura coincidencia: es el resultado de hacer a Dios a un lado; lo cual se viene repitiendo desde siempre. ¡Pero hay solución! Esto dice Dios: “Si mi pueblo se humilla, y ora y me busca, y si al mismo tiempo abandona su mala conducta, yo escucharé…, perdonaré sus pecados y los haré prosperar de nuevo” (2 Crónicas 7:14, TLA).