Mascarilla y máscaras

Desde que empezó la pandemia en China y se expandiera mundialmente han aparecido diversos tipos de insumos y personajes que han entrado en una serie de corrupción en lo que se refiere al tratamiento del COVID-19.

Las mascarillas se han puesto de moda, de cualquier forma, material, color y precio, además, se han convertido en parte de los rostros. Un negocio rentable para los productores, y muchos han alterado sus precios, aprovechándose de la crisis del coronavirus.

Otros sujetos, especialmente los que conforman los comités o grupos gubernamentales, han alterando los precios y comprado mascarillas de mala calidad.

Muchos personajes a nivel mundial están utilizando máscaras para disfraz y cometer cualquier tipo de actos de corrupción para asaltar a la población de diferentes maneras.

En el caso de Centroamérica, ha aparecido la Honduras disfrazada con todo tipo de máscaras para encubrir totalmente sus rostros y cometer asaltos a las arcas del Estado en contra del pueblo hondureño. Un Poder Ejecutivo confabulado con el Legislativo, aprobando millonarias cantidades supuestamente para atender la crisis de la pandemia. Como muestra de los actos ilícitos está la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco), donde tuvieron que despedir a Gabriel Rubí, su titular, y también Invest-H, donde fue señalado por actos de corrupción Marcos Bográn, ejecutivo de la empresa, quien asesoró al Gobierno con la compra de ventiladores “turcos”.

Las bolsas solidarias para los más hambrientos, politizadas, pues andaban activistas del Partido Nacional dándoles prioridad a sus correligionarios. Con las mascarillas ha sido un gran negocio, en el cual están confabulados hasta las Fuerzas Armadas y maquiladores privilegiados del Gobierno. Aparte de las grandes diferencias, ya que los privilegiados andan con mascarillas de alta calidad y los marginados con mascarillas desechables en un país llamado Honduras.