Campesinos y obreros

En esta época de la pandemia del coronavirus, el mundo capitalista especialmente pareciera que se da cuenta de que hay dos sectores que son básicos para el desarrollo de los países.

Pues los campesinos le dan de comer a la humanidad y los obreros son esa masa laboral que promueve la producción de cualquier tipo de productos.

La producción alimentaria ha venido a ser el principal paliativo para calmar el hambre de los seres humanos y los trabajadores, que en un menor porcentaje se convirtieron en productores de material clínico de medidas de bioseguridad.

En estos tiempos de cuarentena, una palpable muestra es que el mundo lo que necesita son maquinarias y herramientas para trabajar la tierra, que dan vida, y no maquinarias bélicas y armas que promueven la violencia y quitan vidas.

En el caso de Honduras, un país con 112,492 kilómetros cuadrados, donde la mayor parte de su territorio son tierras ociosas, aun siendo agroforestal, la mayoría de su población reside en zonas rurales.

Gobiernos que por décadas, y especialmente los últimos, no les ha interesado una verdadera reforma agraria que garantice una producción eficiente de consumo nacional y exportación.

Pues durante años esto ha quedado al desnudo, la ineficiencia a través de la crisis del campo, donde hasta los frijoles y el maíz han sido importados. Los obreros, que son aproximadamente 1,400,000, están entre los que tienen peores salarios.

En esta cuarentena quizá los empresarios de este rubro se dan aún más cuenta de qué importantes son esas manos obreras, que llevan más de dos meses inactivas, dejando pérdidas millonarias.

Ojalá que al controlarse esta pandemia del covid-19, estos dos grupos de héroes marginados logren mejores beneficios en sus tratos y salarios en un país llamado Honduras.