Moratoria en pago de deuda externa

De las crisis que desafortunadamente me ha tocado vivir en nuestro país, he visto que siempre en toda crisis se dan hechos, muchos hechos, tantos que de muchos no se habla o se habla poco, y de otros de los que jamás se hablará. Hay noticias que nunca se darán a conocer o las que nunca se relatarán en el verdadero contexto de la realidad en que sucedieron, y eso es triste, muy triste.

Lo vi en 2009, luego en 2017 y ahora en 2020. Qué tiene que ver esto de las noticias poco comentadas con el tema de la deuda externa, pues lo poco que se está hablando de una iniciativa que ya fue aprobada por el G20 y que inicia en mayo 2020, concediendo una moratoria en el pago del capital e intereses de la deuda externa a los países pobres como Honduras, ya que en las actuales circunstancias se hace necesario plantear no solo la autorización de parte del Congreso para que el Gobierno busque endeudamiento externo, sino de los alivios que el Gobierno debe buscar en el pago del servicio de la deuda externa, ya que, como sabemos, esa carga permanente del servicio de la deuda pesa tanto en nuestro presupuesto que merma recursos vitales para sectores como salud y educación, dos aspectos endémicos de la crisis que arrastra Honduras. Tenemos una Ley de Responsabilidad Fiscal, punto; sin embargo, ya hemos escuchado a políticos diciendo que sin importar que crezca el déficit fiscal Honduras debe sacar la máquina de imprimir dinero como solución a esta crisis tan colosal que enfrentamos; tal vez en algo tengan razón, pero, como siempre, los políticos tienen esa habilidad de que aun cuando hablan de una cosa buena también la dicen mal.

Porque el servicio de la deuda siempre ha planteado para Honduras un camino estrecho que no le permite, en circunstancias normales, una fuerte inversión en salud y educación, menos en estas circunstancias, donde el país enfrenta una contradicción histórica del PIB y el camino para el pago del servicio de la deuda se ha vuelto mucho más estrecho, por no decir infranqueable. Esto es así, pues la inversión en el pago del servicio de la deuda ronda los 40 mil millones de lempiras, lo cual es enorme en circunstancias normales, pero en las actuales este pago podría significar un dilema difícil de resolver para las arcas nacionales, pues los caminos que pueden conducir al pago del servicio de la deuda son dos, que crezcan la exportaciones o que se reduzca sustancialmente el presupuesto.

Los dos caminos están bloqueados, primero porque nuestras exportaciones han decrecido y difícilmente van a aumentar, segundo, los recortes presupuestarios son no solo necesarios, sino obligatorios para poder enfrentar la caída en las recaudaciones fiscales y enfrentar la emergencia, así que por esas vías no será posible. Y recordemos que Honduras ha sido un buen alumno del FMI en la última década. ¿Qué nos queda entonces? Aprovechar esta iniciativa de la moratoria en el pago de intereses, que cubre desde mayo a final de este año, así como buscar una renegociación de la deuda externa con plazos más largos e intereses más bajos, no hay otro camino.