En primer lugar, tú

“El gran encierro” podría ser una película, pero es probablemente el nombre con el que recordaremos esta etapa de nuestras vidas. Salvo designio superior, la mayoría podrá contar la historia a sus descendientes, según su experiencia vital y las enseñanzas de la crisis.

Unos pasan el confinamiento frente al televisor, acumulando grasas o lamentando su “suerte”; otros, no dejan de comer ni de entretenerse con las fabulosas series, pero aprovechan esta especie de retiro para repensar sus vidas. ¿El tiempo que nos ha regalado la pandemia es solo para enajenarnos o para ganar una oportunidad de reflexión autocrítica? Mi gran amiga, la cantante Chenoa, lo ha resumido brillantemente: “Me estoy conociendo mejor, es un momento adecuado para experimentar cómo queremos estar (...) Podemos salir de esto, somos capaces de aprender, tenemos coraje y valentía”.

Su conclusión es lo que llamo un despertar de conciencia. Jamás olvidemos que el despertar llega a nosotros, después de tocar fondo y justo antes de la plenitud. Pero, ¿qué elementos deberíamos valorar en la reflexión durante el aislamiento? - ¿Dónde estoy en mi vida hoy? ¿Cuánto me valoro y me amo? Debemos ser un perfecto columpio, que se mece entre dar y recibir. Ser capaces de ponernos en primer lugar, pero no de manera egoísta. El amor propio es la base del amor incondicional. Así, siempre mantendremos la energía vital que nos permite amar sin reservas, sin resentimientos.

- ¿Qué sucede cuando no me quiero lo suficiente, cuando no hago silencios frecuentes para conectar con mi esencia divina? Tarde o temprano empiezan a crecer dentro resentimientos sutiles que no sabemos identificar. ¿Qué me está pasando? ¿Por qué no siento alegría, a pesar de que estoy feliz con mis hijos y mi pareja? Lo que falta es ponernos en primer lugar, entender y escuchar nuestras necesidades. A raíz del primer aniversario de la plataforma de cursos online www.Cala.Academy, numerosas personas y medios de comunicación me han preguntado cómo aprovechar la cuarentena para reencontrarnos con nosotros mismos. Para ser felices, el amor propio debe superar la necesidad de aprobación social. Debemos zafarnos, con todas sus consecuencias, del ranking de popularidad.