El Dios de las crisis

¿Cuál es el origen de las crisis que afrontamos en la vida? Sin duda que muchas de ellas las provocamos nosotros mismos por las decisiones que tomamos. Dios permite que sucedan para que aprendamos de nuestros errores. Sin embargo, existen otras que nosotros no hemos provocado, sino que quien las ha causado es Dios mismo. Su propósito es empujarnos a salir de nuestra zona de confort espiritual y confrontarnos con la realidad que debemos cambiar algo en nuestro estilo de vida que no está bien, o quizás nuestro estilo de vida completo. Sin estas crisis sería imposible que se lograra este propósito.

Un relato bíblico donde podemos apreciar con bastante claridad esto que estamos afirmando es la historia de los hermanos Caín y Abel (Génesis 4). En la narración, cada uno de ellos le presenta una ofrenda al Señor. Pero sin razón aparente (el texto no dice nada al respecto), Dios acepta la ofrenda de Abel y rechaza la de Caín, quien inmediatamente se molesta por ello. ¿Cómo no enojarse? Dios ha tenido preferencia, y no con el primogénito. Sin embargo, el Señor le sale al paso y como buen padre lo interpela con benignidad. Con esto, dice Luis Alonso Schokel, “Dios demuestra que no ha rechazado a Caín, incluso le dedica más tiempo que a Abel. Caín es el primogénito de la preocupación divina”. Había asuntos en su interior que debían ser cambiados. Por eso Dios aparentemente prefirió a su hermano. Porque quería que se diera cuenta que él fácilmente era presa de sus impulsos negativos. “Si haces lo correcto, siempre te aceptaré con agrado”, le dice el Señor, y luego agrega, “pero si haces lo malo, el pecado está listo para atacarte como un león” (4:7). Es posible que en estos momentos usted esté afrontando alguna crisis que no había visto venir. ¿Qué estará intentando hacer Dios en su vida? ¿Se ha puesto a pensar? ¿Qué cambios estará impulsando el Señor? ¿Será alguna decisión que ha postergado, algo que debe dejar o algo que debe hacer inmediatamente? Está en usted la respuesta.