Paréntesis

Como a tantos otros, me gusta la calle, me encanta, me gusta salir a tomar café o a comer con la familia o los amigos. Me gusta ir a las tiendas y salir de ellas con bolsas y paquetes, para luego llegar a casa y disfrutar del olor a nuevo de un buen par de zapatos o una camisa. Gozo cuando regalo algo a una persona a la que quiero y veo que se pone contenta con lo que le he dado, gozo cuando le compro algo a alguien y percibo que he acertado cuando veo su sonrisa al desenvolverlo o cuando lo tiene entre sus manos.

De plano que he sido y soy hipersociable y que no habría tenido vocación de ermitaño y menos habría podido hacer voto de silencio, ya que me encanta platicar, hacer bromas, reírme hasta que me cueste respirar y me duela el estómago.

Y estoy aquí, en mi casa, con mi esposa y los dos hijos que aún viven con nosotros, sin poder salir más que a la pulpería, y esto tomando precauciones hasta ahora inauditas, y trabajando y comunicándome gracias a esas tecnologías recientes, que parecieran creadas para circunstancias tan peculiares como estas. Aquí, echando de menos a los colegas, a los que ahora veo solo por medio de pantallas, y extrañando a la señora que asea la oficina, a la persona que me atiende en el café que suelo frecuentar, al cura de mi parroquia, al muchacho que me cuida el carro, en fin, a toda aquella gente con la que coincidimos, que pensábamos ver casi a diario y con la que, intempestivamente, hemos dejado de vernos.

Como ya muchos lo han dicho, estos días nos están sirviendo para valorar otras cosas, para darnos cuenta de que acumulamos cosas de las que hace tiempo deberíamos habernos deshecho, para reconocer que estar con la familia es mucho más reconfortante de lo que se cree, para entender que la lucha por minimizar nuestros defectos de carácter y por potenciar nuestras virtudes relacionadas con la convivencia se mantiene, que el trabajo de conservar una casa limpia, de hacer que un hogar funcione, es mucho más complejo de lo que parece.

Espero que este paréntesis sea breve. De hecho, nunca los uso cuando escribo, prefiero las comas, que dan más idea de continuidad. Porque soy de los que intenta sacarle el jugo a la vida y disfrutarla a tope, y evito, por todos los medios, hacer pausas innecesarias o poner a mi gente: a mi familia, a mis amigos, entre corchetes. Quiera Dios que esto pase pronto.