Todo pasará

Y llegamos al punto de quiebre. Ese lugar que nos hace vulnerables. Justo donde anida el temor y los pensamientos negativos y fatalistas. Esos monstruos que nunca duermen y permanecen agazapados, y que han salido en jauría haciendo añicos la esperanza.

Y la maravilla de nuestra vida moderna, las redes sociales, avivaron las llamas, y el alma del ser humano sucumbió a su propia debilidad.

Probablemente el planeta se esté cobrando una vieja deuda. Tal vez hemos sido demasiado hedonistas. Quizá nos volvimos indiferentes con el prójimo.

Lo cierto que es que por obligación volvimos a la simpleza del inicio de esta civilización. La sobrevivencia pura, la búsqueda del alimento, las familias alrededor de las fogatas contando historias.

No es momento de sucumbir al terror. No es momento de avivarlo más leyendo todo lo que se publica. No es momento de empeorarlo reenviando basura. No es momento de criticar ni de extrapolar situaciones de otros países. El virus no es político.

Es momento de alimentar la esperanza. De imaginarnos cuando está situación esté resuelta. Cuando podamos andar en las calles, saludarnos, volver a la cotidianidad que estamos acostumbrados. Debemos vencer al terror, y eso solo se logra con esperanza y certeza que todo saldrá bien. Está dentro de nosotros la solución, no en Internet. Porque la cura del terror es sustituirlo por otro tipo de pensamientos positivos.

Evitemos los chats alarmistas, alejémonos de los agoreros, no oigamos a los necios. El momento es para aislarnos del mundo exterior y no solo físicamente, espiritualmente debemos buscar en nosotros aquello que nos da fuerza y esperanza.

La oscuridad solo se disipa al encender una luz. La luz de un simple cerillo puede iluminar una habitación a oscuras. Debemos ser luz. Para eso se requiere que aquellas personas de espíritu fuerte, de corazón valiente, los optimistas, los que nunca se rinden, los visionarios, los que confían siempre en la esperanza, actuen. Los necesitamos al frente de esta situación. Deben ser referencia, faro, indicadores del camino.

Tenemos que cortar la diseminación del miedo, que es peor que el virus. Su mensajero son las redes sociales, ciérrales las puertas de tu casa también.

Aprovechemos esta situación de aislamiento social para “ acostumbrarnos a la soledad de nuestra propia conciencia”. Necesitamos reencontrarnos. ánimo, el mundo no acaba. Todo pasará. Mantengamos viva la esperanza.