En casa

El confinamiento en casa al que nos ha obligado la emergencia nacional por el Covid-19 ha provocado todo tipo de reacciones. Las omnipresentes redes sociales han difundido abundantes memes y chistes que reflejan los distintos estados de ánimo y la manera como cada quien han asumido una situación tan peculiar. Lo cierto es que, como en tantas circunstancias de la vida, ante la misma coyuntura cada uno se comporta diversamente.

Así, los eternos rebeldes, aquellos a los que no les gusta que les impongan nada, aunque son conscientes de la dificultad colectiva que estamos enfrentando, se amargan ante el encierro y se muestran permanentemente malhumorados, llevándose de encuentro a la gente de su entorno; otros no hacen más que encogerse de hombros y de aceptar la situación con resignación, porque nada se puede hacer ante las disposiciones del Gobierno, y menos cuando se ha decretado estado de emergencia y se han suspendido algunas garantías constitucionales. Un tercer grupo ha visto en la prohibición de movilización la oportunidad de dormir y de tomarse un descanso por adelantado y que esperaba tener en la Semana Santa.

Claro que, con el desarrollo tecnológico, no todo el mundo permanece inactivo. Muchas empresas continúan laborando por medio de teletrabajo y, para ello, utilizan todos los medios de conexión que hay ahora al alcance, que son muchos, y hacen lo posible para aprovechar los horarios al máximo, para evitar el letargo laboral y estar listos para cuando volvamos a la normalidad.

Ahora bien, estos días en casa, además del esfuerzo de mantenernos ocupados que todos debemos realizar, también debe servir para reunir a la familia. Pocas veces en el año, incluidas las fiestas de Navidad o la Semana Santa, podemos disponer de tanto tiempo para comer juntos, platicar y ponernos al día sobre los asuntos de cada uno de los miembros del grupo familiar. Tonto sería que, a lo largo de horas y días enteros, que todos esperamos no se prolonguen, no nos sentáramos, en más de una ocasión, a hacer partícipe de nuestras vivencias a la gente que queremos, a recordar tiempos idos, a manifestarles nuestro cariño.

Lo peor que podría pasar es que nos pasáramos día y noche rumiando la frustración de no poder salir libremente a calles y carreteras, y termináramos por hacer pasar mal al resto de la familia. Ahora que estamos en casa hagamos de ella un verdadero hogar.