Libérate

Un indio americano visitó la casa de unos vecinos blancos para pedirles un poco de tabaco. El generoso vecino le dio un buen puñado, pero cuando el indio estaba haciendo cigarros descubrió un cuarto de dólar entre el tabaco.

De momento pensó que como se lo habían dado debía guardárselo, pero a la mañana siguiente compareció ante su vecino y le devolvió el dinero. Este le preguntó por qué razón lo devolvía, si nadie se lo podía reclamar. El indio respondió señalando su pecho:
“Es que yo tengo aquí hombre bueno y hombre malo.

El hombre bueno me decía: ‘Ese dinero no es tuyo; tienes que devolverlo a su dueño’. El malo respondía: ‘Tu vecino te lo dio y es tuyo ahora’. El bueno replicaba: ‘No es verdad; él te dio el tabaco, no el dinero’. El malo volvía a responder: ‘No importa, ahora es tuyo, vete y compra alguna bebida’. El bueno decía: ‘No lo hagas’. No sabiendo qué hacer me fui a dormir, pero el hombre malo y el hombre bueno han estado discutiendo toda la noche y no me han dejado pegar un ojo, por eso le devuelvo el dinero y ahora me siento mejor”.

Existen situaciones en la vida que, como sucedió con el indio americano de la historia, se convierten literalmente en “cargas pesadas” que tarde o temprano terminan destruyendo la paz y la felicidad. La única manera de recuperarlas es –y no hay otra forma– liberándose de las cargas que las arruinan. ¿Cuál es la suya? ¿Un amorío ilícito? ¿Un vicio insaciable? ¿Una relación tóxica? ¿Falta de perdón o su mal carácter?

Jesús decía: “…si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo… si tu mano derecha te hace pecar, córtatela y arrójala” (Mateo 5:30). El valor práctico de esta hipérbole es muy grande: cortemos de raíz (totalmente) con aquellas cosas que nos dañan y arruinan. Estas tentaciones son como un imán, terriblemente atractivas… seductoras, pero no olvidemos que solo nos traerán ruina, falta de paz e infelicidad. Libérese de todo eso hoy, no tarde.