Del amor y los enamorados

En estos días, hasta los más flemáticos sacan a pasear su corazón. A fuerza de ver cupidos listos para disparar sus flechas, osos de peluche y ramos de flores, y de oír frases cariñosas y deseos de felicidad, terminamos todos envueltos en el clima que se produce alrededor de esta celebración de san Valentín, un personaje con raíces históricas; pero del que queda muy poco en estas edulcoradas fechas, ya que le ha sucedido algo parecido a lo que pasó con san Nicolás de Bari, del que durante la Navidad poco se habla, pues ha sido suplantado por un señor rollizo, vestido de rojo, al que todos llamamos Santa.

Pero bien. Pienso que aunque los más gananciosos sean los comerciantes, no debemos dejar pasar la ocasión para demostrar cariño a la gente que tenemos cerca, a la novia o a la esposa, por supuesto, y también a los amigos, ya que ahora se habla de celebrar también el amor de amistad.

Y es que el amor es un concepto que ha jugado y continúa jugando un papel muy particular en la vida de las personas y las comunidades humanas. Aunque no hay un consenso total respecto al sentido del amor verdadero, y hay quienes ponen el acento en la experiencia sensible, mientras otros lo ponen sobre el aspecto volitivo, sobre los actos movidos por la voluntad, es cierto que todos coincidimos en que es una entidad que nos produce satisfacción y que nos acerca a las fronteras de la felicidad.

El amor, evidentemente, tiene un componente sentimental. La atracción que se da entre un hombre y una mujer o la alegría de estar cerca de la gente que queremos, hijos o amigos, da fe de esa realidad. Sin embargo, también es evidente que los sentimientos son, por definición, volubles, mudables, variables. De ahí que el amor -puro- sentimiento es insuficiente para servir como base para una relación de suyo estable como el matrimonio, con todos los vaivenes que sufre a lo largo de los años. Hace falta, pues, algo mucho más sólido que la experiencia sentimental.

El amor que es capaz de sortear dificultades y capear tormentas exige, además del sentimiento, porque todos tenemos corazón, pasiones y emociones, el componente volitivo, la fuerza de la inteligencia y de la voluntad.

Este es el amor que pervivirá por encima de los problemas, de la enfermedad, de los achaques de la vejez. Este es el amor que vale la pena celebrar y el que merece unas flores, una cena romántica o lo que a usted se le ocurra para festejarlo.