Aplazados

El Consejo Nacional Anticorrupción y el Fosdeh revelaron que el 12% del producto interno bruto (PIB) del país se pierde en corrupción, lo cual representa la estratosférica suma de aproximadamente sesenta y cinco mil millones de lempiras al año.

Con razón, nuestros gobernantes se ensañaron contra la Maccih, querían llevar la fiesta en paz sin ningún tipo de invitado que fiscalizara las fechorías que en lo oculto se traman y luego se llevan a cabo.

Honduras aparece en los puestos más altos de los niveles de percepción de corrupción. Es bochornoso e inaceptable lo que hemos permitido a través de nuestra pasividad y, en muchas ocasiones, de nuestra misma complicidad al no tener voz de denuncia para convertirnos en agentes de cambio.

¿Cuántos hospitales en nuestro país están abandonados sin medicamentos y sin especialistas suficientes para abordar los desafíos sanitarios de nuestros conciudadanos? Dicho sea de paso, el sector de la salud de la administración pública es de los más afectados por los corruptos y corruptores, que sin misericordia desangran nuestra economía.

¿Cuántos centros educativos tanto en áreas urbanas como rurales están con sus edificios destruidos, maestros mal pagados y sin las herramientas que demanda la era de la tecnología y de la globalización del conocimiento?

Nuestro país demanda renacer a una nueva esperanza con políticos comprometidos con la integridad, honestidad y probidad como cimientos sólidos de un liderazgo eficaz que lleve a la nación de la noche oscura de la corrupción al amanecer de la prosperidad y justicia social.

Que las cifras escalofriantes que nos aplazan sean un desafío para que entremos en el calor de la actividad enfocada en cambiar el estado de las cosas. ¡Vamos Honduras, sí se puede!, una nueva esperanza se puede gestar para traer la pulcritud y decencia a nuestro entorno, la respuesta se encuentra en Dios y en la persona que vemos cada mañana en el espejo.