Planeta gimiente

Aire, tierra, fuego y agua, los cuatro elementos de la naturaleza están manifestando sufrimiento desde los primeros días del nuevo año, nuestro recién nacido 2020 está llorando y no logra obtener el descanso de la humanidad que está aplazada en la asignatura de la administración de los recursos naturales.

Puerto Rico en el Caribe con terremotos inusuales por su repetición continua; Australia con incendios voraces que arden en el alma; Irán y Estados Unidos con incursiones militares trayendo devastación y muerte en las milenarias tierras orientales.

Y si vemos al espejo observaremos en nuestro patio que los homicidios siguen al alza en estas honduras que parecen cada vez más profundas, los suicidios como un enemigo silencioso se levanta como opción oscura para aquellos que creen no tener más esperanza. Parece una situación insalvable en la cual solo es cuestión de tiempo para que las grandes debacles anunciadas en los libros apocalípticos ocurran delante de nuestros ojos, de hecho, ya están sucediendo de manera simultánea en forma de terremotos, anuncios de guerra, hambrunas, epidemias y todo tipo de escenarios realmente desalentadores. Lo que habremos de hacer, y de hecho, es el sabio camino que nos queda es la oración y la esperanza, volvernos en fe a aquel que lo es todo, y rogar que la misericordia divina se manifieste sobre nuestra amada tierra.

Debemos buscar a Dios con el deseo y convicción que si tenemos un encuentro real con su Espíritu, no solo perdonará nuestros pecados, sino que además sanará nuestra tierra, por ahora esta gime con dolores de parto esperando la manifestación de los hijos de Dios que traerán justicia y sanidad a nuestras naciones. Redireccionemos nuestros pensamientos, nuestro corazón y nuestros pasos en la senda de aquel que nos está esperando en la barca, listo para calmar cualquier tormenta que estemos pasando.