Reinventarse hacia el pasado

Titulares de varios rotativos nacionales de finales del año pasado: “95% de maestros en concurso no aprobaron el examen para aplicar a las 5,000 plazas”. “En un 67% se incrementó la deserción escolar”. “Espiral de violencia deja 3,219 homicidios hasta octubre 2019”. “Las masacres en Honduras presentan en 2019 un repunte”.

Sombrío panorama, la educación en detrimento y la violencia imparable. Educación y cultura versus violencia.¿Bastará la pobreza de un país para explicar tan malos resultados? Difícil respuesta.

La cultura se refiere a la cantidad de conocimientos que posee un individuo como expresión de su herencia social. La educación tiene que ver con la socialización del individuo, y aunque se basa en el presente, su proyección es al futuro.

Lo obvio es que los países desarrollados tienen más cultura, la educación es mejor y la violencia se da en menor escala, aunque más sofisticada.

No podemos seguir con esta cifra tan alarmante de homicidios. Hemos perdido por completo el concepto del valor de la vida. No puede ser que sea tan fácil tomar la decisión de matar sin el mínimo remordimiento. Y no se trata solo de delincuencia común u organizada. Los homicidios por rencillas personales, por conflictos familiares, por aspectos pasionales, se han vuelto comunes. Ya las diferencias de opinión no se resuelven hablando, hay que matar el problema. Y esto puede volverse un patrón de conducta que con el tiempo termine por ser aceptado por frecuente. Puede llegar a ser parte de la cultura como resultado de una forma de vida.

La violencia no tiene más justificación que una degradación del ser humano. Nunca existirán suficientes leyes, cárceles o policías para erradicarla si el problema está en el corazón de las personas.

Tal vez necesitamos revertir esos malos índices del sistema educativo. Tal vez necesitemos educar más a la población. Tal vez necesitemos padres de familia que sean ejemplo de sus hijos.

Tal vez la familia tiene que reinventarse hacia el pasado y retomar del tiempo toda la esencia que ha perdido. Tal vez la industria de cine y televisión colaboren. Hay mucho involucrado, no solo es un problema económico.

Hemos sido pobres siempre, pero no tan violentos. Es imperativo encontrar dónde se rompió el eslabón y repararlo. Es una situación nueva que nos obliga a replantear los efectos de la cultura actual.Y a hacerlo cuanto antes.