¿Fue un error cerrar las normales?

El fracaso absoluto de los maestros que concursaron para obtener una plaza en el sistema de educación pública puede ser motivo de muchas cosas para los hondureños, unos se ríen tímidamente ante semejante fiasco, otros se lamentan, pero en realidad esta masiva desaprobación de los aspirantes a educar a nuestros niños no debe pasar desapercibida, sino que es una preocupación que debe llevarnos a una seria reflexión de lo que está pasando en la educación pública.

Si a mí me preguntaran a qué se debe esta “aplazancina” de maestros, yo podría responder ligeramente que es debido al celular, pues ahora la mayoría de maestros están más pendientes del celular que de dar la clase, que de permanecer concentrados en el tema o de dirimir la última pelea entre sus alumnos; pero necesitamos respuestas más serias, más técnicas y reales. Y como no soy un experto en el tema, pero sí un hondureño preocupado por la educación, pues me eduqué en el sistema público y conocí la educación de antes, bastante áspera en el trato humano, pero muy eficiente y como no es de gente inteligente preguntarse por qué los tiempos pasados fueron mejores que los actuales, abordemos el tema desde otra perspectiva.

¿Qué pasó con las escuelas normales encargadas de formar a los maestros?, fue un error haberlas cerrado sin analizar sus consecuencias o contar con un plan de preparación de los maestros que sustituyera toda la pedagogía y el currículo educacional que se formaban los maestros en las escuelas normales, donde aprendían desde elaboración de los planes educativos hasta las funciones de un director de escuela, pues parece que por allí se puede explicar por qué tantos maestros fueron aplazados en las pruebas para obtener una plaza en la educación pública. Hablé con varios maestros en busca de una explicación más que razonable, técnica probablemente, aunque no científica, pero la mayoría coincide que la formación que tenían los maestros en las escuelas normales era mejor que la que reciben ahora los bachilleres en la Universidad Pedagógica, la mayoría es coincidente en señalar la rigurosidad, el currículo y la fase experimental que tenían los futuros maestros en las escuelas normales para maestros y que hoy solo son historia.

Porque si estas deficiencias que han demostrado miles de profesores para ingresar al sistema de educación pública reflejan su pobre preparación académica, nuestra preocupación es mayor cuando nos preguntamos entonces ¿qué están aprendiendo entonces nuestros hijos?, pues obligatoriamente una pregunta nos lleva a la otra. Y pasando de una cosa a la otra y aunque la discusión actual se centra en los pobres resultados de este concurso magisterial, no podemos dejar de lado que la educación pública y sus problemas no se puede enfocar exclusivamente en las deficiencias de los maestros, si no también en las múltiples carencias del sistema de educación pública de país.