Adviento es amar a Jesús

En Adviento nos preparamos para la venida de Jesús, para seguirle, para imitarle, para seguir al amor, para corresponderle cuando nos invita a ser discípulos suyos, cuando nos llama por nuestro nombre, cuando realizamos que somos importantes para él.
Hay tres personas de aquella época del Evangelio que revelan cada uno un aspecto distinto del discipulado y presentan un ángulo diferente del amor de Dios para su pueblo: José, María, la madre de Jesús, y Juan el Bautista.
Los tres vivieron el mandato de Cristo, estuvieron sujetos a la obediencia inmediata sin titubear y fueron sumisos a la voluntad del Padre.
Para empezar a vivir este Adviento con la gracia del Espíritu Santo hemos de cambiar aspectos negativos de nuestra vida que no contribuyen para mejorar nuestra vida cristiana, nuestra madurez espiritual: ¿Estamos dedicando suficiente tiempo al trato con el Padre? ¿Cómo está nuestra dedicación a la oración, escucha, meditación, estudio de la Palabra? ¿Considera usted que es suficiente? ¿Cree usted que tiene una buena comunicación con Dios? Y con los parientes, ¿cómo atiende a su esposa (o), hijos, padres, hermanos? ¿Está tratándolos con mayor afecto y muestras de cariño de lo que generalmente hace? ¿Existe mayor comprensión entre esposos? ¿Hay menos pleitos entre padres e hijos? ¿Se han acordado de los ancianos, los olvidados de la familia, los pobres, los marginados?
El mensaje de amor es el corazón del Evangelio, y el amor se demuestra dándonos a los demás, como lo hizo Jesús, que dio su vida por nosotros.
No rechacemos en este tiempo especial de Adviento y Navidad, en este tiempo de seguir al amor, la oportunidad de demostrarle cómo lo amamos, preocupándonos lo más que podamos y hasta que duela de los pobres y olvidados.