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Perspectiva reorientada

En la columna pasada hablábamos sobre lo que algunos expertos en el tema de la belleza han denominado: botched beauty (belleza arruinada). Este es un procedimiento cosmético o reconstructivo fallido que causa resultados no deseados, decíamos, y que la posibilidad de verse enredado con él emerge al hacerle lado al engaño que dice que el fracaso es el único resultado esperado por aquellos cuya apariencia no es la correcta e ideal. Hoy, me gustaría ocupar el espacio para responder a dos preguntas que como consecuencia podrían estar en la mente del lector: una, ¿es mala la cirugía plástica? y dos, ¿qué es lo que verdaderamente lleva al fracaso? Con respecto a la primera, somos categóricos: no es mala. La cirugía es simplemente una herramienta, una especialidad que sirve para investigar o para tratar, para ayudar o para reparar, todo dependerá de que se le use bien. Y con respecto a la segunda pregunta, pueden ser muchas las causas que le den vida al fracaso. Sin embargo, creo que el miedo al fracaso mismo es su principal fuente de oxígeno. Como bien dicen los versados: temen tanto fracasar que jamás intentan nada. Otra fuente vital de abastecimiento es la incongruencia, lo que se hace es diferente de lo que se dice y hasta de lo que se piensa. El que tal hace no piense nunca que logrará el éxito verdadero. Y una tercera fuente que vale la pena aludir sería tener valores encontrados: por un lado, muchos pretenden ganar bastante sin arriesgar nada o sin esforzarse nada y, por el otro lado, muchos quieren que sea deprisa y corriendo, sin darse cuenta de que lo bueno es antónimo de lo rápido y de que el éxito es contrario a lo fácil. Por último, creo oportuno citar de nuevo a los versados: no existen fracasos, solo existen resultados. Si algo sale mal, simplemente hay que aprender la lección para ser más efectivo en el siguiente intento.