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Traspasar la línea roja

Casi nunca tomamos conciencia de las virtudes de la sociedad estadounidense. Poco conocedores de la historia de los Estados Unidos y de la filosofía política en que el Gobierno debe respetar la autoridad de cada uno y defender la vida y la libertad de sus ciudadanos, solo castigándolos dentro de la ley, no valoramos lo esencial de los Estados Unidos.

No caemos en cuenta de que estamos presenciando dos conductas, dos morales si ustedes quieren llamarle así, en que Estados Unidos diferencia el trato a sus enemigos, no estadounidenses, y el trato que le da a sus ciudadanos.

El Pentágono se siente moralmente autorizado para divulgar en el mundo las acciones para matar a Al Bagdadi, acto irregular en que además perdieron la vida seis miembros del Isis. Pero al mismo tiempo, un miembro del Consejo de Seguridad, Alexander Vidman, que escuchó a Trump pidiéndole al presidente de Ucrania que investigara a un político de los Estados Unidos, reacciona en contra de su gobernante. Dentro de la simpleza nuestra, cualquiera puede decir que son la misma cosa, pero no. En el primer caso es un extranjero enemigo; en el segundo es un político de los Estados Unidos.

De acuerdo con la moral política de USA, “todo” se puede hacer contra los extranjeros enemigos, incluso actuar fuera de la ley, pero nunca contra un estadounidense. Y en la base de todo, ejemplarizado el comportamiento de Vidman, que ha testificado ante la Cámara de Representantes, es que antes de la lealtad hacia Trump prima la lealtad a los Estados Unidos. Y por ello, en el cumplimiento de su deber, lo reporta al Consejo de Seguridad convencido de que lo que ha oído pedir a Trump pone en peligro a los Estados Unidos.

Nosotros manejamos otras categorías morales. En el pasado, Gobiernos hondureños han cometido delitos contra exiliados fuera de Honduras, Umaña es un caso digno de estudio ahora que repasamos los éxitos y los errores de estos 200 años de independencia; pero lo que nunca hemos visto es que entre la lealtad a los hombres y la lealtad a Honduras escojamos valientemente a Honduras. Incluso en cosas relativamente pequeñas, que no hay tales, porque se trata de la vida de un ser humano, no hemos escuchado una expresión crítica que ponga en cuestión las debilidades de un sistema carcelario de “alta seguridad” ni las complicidades en las que, posiblemente por motivaciones económicas, las autoridades eliminan a un ser humano.

Esa es la causa por la que ellos son una gran nación y nosotros, como decía Salvador Mendieta, aldea con “luz eléctrica”. Ellos tienen militares que no vacilan a denunciar a su presidente cuando este traspasa la línea roja que pone en peligro la institucionalidad y la existencia de la nación.

Nosotros vamos en tropel a Washington a pedir la intervención externa, pidiendo que se investigue a JOH, cosa privativa de nuestro propio sistema, como el vino amargo; pero nuestro vino, para que lo saquen del cargo y lo lleven preso a los Estados Unidos.

Hay quienes creen que es un pecado defender la nación, la ley y sus instituciones; hay otros que trafican con ellas. Sería bueno ver cómo funcionan las cosas en Estados Unidos para aprender.