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¡Huellas o cicatrices!

“Solo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio, pues la vida no es un juego”: Aristóteles. Todos forjamos y trazamos un camino dejando huellas, por eso con mucho cuidado el tren de vida que se lleva, de una manera positiva o negativa, los hijos seguirán su trayecto de vida o pagarán las consecuencias, ya que estas influyen en el destino.

No interesa si consigues estar en lo más alto de la fama y fortuna, eso dura un segundo comparado con la eternidad, lo más importante es la profundidad de la huella que se deja en el camino. Una cosa es ser conocido y otra es ser reconocido en la familia, trabajo, ciudad y naciones.

Grabe su huella y no se preocupe si nadie lo reconoce, al final verá que usted dejó huellas imborrables de amor, sabiduría, paz e inteligencia. Dejamos huellas cuando transformamos las debilidades y adversidades en oportunidades, cuando ayudamos a crecer y multiplicar.
Cuando abrimos nuestro corazón libre de miedo sin prejuicios, aunque se burlen o ganen ventaja.

Recuerde, estas personas solo llegaron a un lugar llamado “desconocido”, pero si usted se enfoca y determina en seguir y caminar en sus valores y principios su éxito está asegurado y determinado por convicciones y decisiones, llegará a ser “reconocido”. Las huellas son marcas de amor que deseamos mostrar y lucir a los demás, son imborrables, pero las cicatrices se forman por el daño, dolor y heridas que causa la vida diaria, las injusticias, culpas, rechazos, vituperios, difamaciones, detracciones, injurias y calumnias.

“Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros”: Jorge Luis Borges. Somos llamados a dejar huellas y sanar dolores inevitables; el carácter no se hereda, se aprende, se forja, se pule.

El liderazgo por posición ignora la necesidad; el liderazgo en función con huellas es aquel que es parte de una solución. Dios es el forjador de huellas. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino es por mí”: San Juan 14:6 RVR60. Cada paso que damos las generaciones lo sabrán y dirán nos dejaron lo mejor: huellas, no cicatrices.