Padres intrusos

Había en nuestra tradición familiar una frase que decía “este es un hijo de dominio”, refiriéndose al carácter sujeto del hijo a la disciplina del padre; pero hoy no sabemos realmente qué papel jugamos los padres en la vida de los hijos, pues para algunas familias el padre es únicamente el director de entretenimiento que provee las salidas fuera de casa, la diversión y los aparatos de tecnología más caros; para otros, los padres son figuras desconocidas; pero existen también padres que se han tomado muy en serio su papel.

Sin embargo, estos que se toman en serio su papel son vistos como verdaderos intrusos en la vida de sus hijos, y eso es acuñado a favor de los hijos cuando observan en otros hijos la ausencia total de orden, de instrucción o de disciplina.Definitivamente, los padres hemos perdido la lucidez acerca de cuál es nuestro papel en la vida de los hijos.

Los hijos desde que nacen comienzan unas etapas de su vida en que será parte fundamental la presencia de sus padres, padre y madre, y sin cuya presencia, trabajando adecuadamente en la formación de los hijos, surgirán los traumas para el resto de la vida del niño y los problemas sociales más graves para el entorno social, así que la presencia de los padres, de ambos, es fundamental en el desarrollo físico, social y emocional del niño.

La carencia de esta presencia no puede ser sustituida ni compensada con nada. Son demasiados los desafíos que los niños encontrarán en su desarrollo a la adultez como para enfrentarlos sin la presencia de los padres.

Estos padres intrusos, como ahora se les ve, proceden normalmente de familias que se apartan del total desbarajuste de la familia actual; es decir, son padres que han criado a sus hijos juntamente con sus madres, que los han educado, disciplinado, cuidado e instruido para que sean hombres y mujeres de bien; pero que ahora con esta nueva formación familiar, donde abundan los hijos con un solo padre, los que viven con padres ausentes o los que tienen el “privilegio” de criarse con padres cuyo pecado capital es la indolencia, parecen no tener cabida estos intrusos.

Las familias integradas serán una especie en extinción dentro de poco y la definición del rol de los padres será tan vaga y tan blandengue que el resorte que soporta todo el tejido social del país, que es la familia y dentro de ella los padres, se verá tan debilitado todavía más que la sociedad tendrá que invertir mucho dinero en reparar lo que los padres ausentes, indolentes y los de un solo padre no fueron capaces de hacer como tales.

El momento crucial se acerca para todos esos hijos que han sido criados por padres ausentes, padres indolentes o por un solo padre; ese momento llegará más pronto de lo que pensamos, y será allí donde los padres intrusos serán reivindicados, será allí donde se verá la diferencia entre el padre que aconsejó, que disciplinó y castigó cuando correspondía, mientras los ausentes y los indolentes tendrán que empezar a pagar las facturas de todo lo que no hicieron.

Así que usted tiene la decisión si después de esto quiere ser un padre ausente, un indolente o prefiere ser un intruso.