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Juicio a Trump

Solo ha sucedido en dos ocasiones anteriores en la dilatada vida republicana de los Estados Unidos de América que un presidente sea sometido a un juicio político con el propósito de lograr su destitución. A este proceso se le denomina impeachment.

A un año de las elecciones presidenciales de noviembre de 2020, los demócratas entraron al ruedo a jugar con fuego: deben ser certeros logrando los votos necesarios o, de otra manera, les ‘saldrá el tiro por la culata’, ubicando a Trump como víctima de una persecución política, fortaleciendo con ello su candidatura.

El motivo jurídico principal para iniciar este proceso legal que los demócratas han señalado al magnate que ocupa la Casa Blanca se encuentran las maniobras de Trump con Kiev para intentar que la justicia de Ucrania investigase a su rival político Joe Biden, el exvicepresidente de la era Obama, y al hijo de este, Hunter Biden, por sus negocios en el país, lo que potencialmente le perjudicaría electoralmente.

Es precisamente la fortísima institucionalidad y la admirable separación de poderes que opera en EE UU lo que pone en aprietos al presidente Trump, todo ello sin olvidar la gris nebulosa que lo ha acompañado en su primer mandato por haber sido supuestamente ‘ayudado’ por una indebida injerencia rusa en las elecciones del año 2016.

La semana anterior, los demócratas hicieron público un documento en el que detallan cómo será la siguiente fase de la investigación. La dividen en dos fases: la primera es una investigación en el Comité de Inteligencia, donde podrá haber audiencias públicas o privadas. En la segunda fase, un informe con los hallazgos que será enviado al Comité Judicial para realizar un informe.

Así que se vienen semanas y meses candentes en la política de Washington, que será escenario de una batalla política y jurídica que solo tendrá dos consecuencias directas: la destitución de Trump o, en caso de fallar, catapultarlo para un segundo período presidencial.