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Vergüenza internacional

El gran pensador hondureño Rafael Heliodoro Valle dijo: “La historia de Honduras puede escribirse en una lágrima”. Dichas lágrimas son amargas como la hiel más terrible; es la historia triste de una nación que no acaba de romper las cadenas que la mantienen atada al ostracismo más ignominioso de su historia.

La sentencia del jurado en la Corte de Nueva York contra el hermano del titular del Poder Ejecutivo no es motivo para celebrar: es para llorar de tristeza por el poder alcanzado por las fuerzas del mal que han sido capaces de cooptar hasta las más altas magistraturas de la nación.

Los argumentos y pruebas contundentes de la Fiscalía norteamericana han desnudado por completo a todo el aparato de justicia de nuestro país: Consejo de Defensa, Fuerzas Armadas, Policía Nacional, Ministerio Público, Corte Suprema de Justicia. Es imposible encontrar una respuesta ante su silencio e ineptitud durante tantos años.

La sentencia es un fallo jurídico contra un ciudadano, pero lo expuesto y demostrado en el juicio quedó establecido como una verdad jurídica que ha emitido una sentencia moral contra nuestro Estado; es vergonzoso lo que se ha evidenciado en la corte neoyorquina sobre cómo funciona la corrupción en Honduras.

Reelección inconstitucional, megafraude electoral, desfalco al IHSS, caso Pandora -entre muchos otros actos bochornosos- y ahora este golpe a la institucionalidad de nuestra amada patria que es gobernada por un Estado fallido que perdió el último gramo de legitimidad que le quedaba. Ante este tormentoso escenario, ¿vendrá el capital extranjero a invertir? Por supuesto que no, aun el mismo Banco Central aceptó a regañadientes que en 2019 descendió en 39% la inversión de capital internacional en nuestro país. Es tiempo de regresar al orden constitucional, de regresar al Estado de derecho para lavar la cara de esta patria que ahora sufre un penoso deterioro de su imagen internacional.