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El árbol de nuestra vida

El cambio climático es el resultado de una combinación fatal de varios factores: el exceso de dióxido de carbono que llega a la atmósfera, proveniente del uso indiscriminado de combustibles en los países consumistas; el aumento de temperatura que provoca el deshielo en los polos con el aumento del nivel de los océanos; el planeta está perdiendo sus pulmones, no se recapturan los gases que calientan la Tierra.

Se predice que para el año 2050 solamente el 15% del dióxido de carbono arrojado a la atmósfera podrá ser procesado por las selvas y bosques que queden. El 85% restante seguirá recalentando la Tierra. El árbol es un regalo de Dios, es una maravilla de la naturaleza. Cecilia Jaurrieta dice que el árbol trabaja silenciosa e incesantemente y es autosuficiente desde el aspecto alimentario. Utilizando los desechos producidos por los demás seres vivientes –el dióxido de carbono CO2- produce sustancias complejas imprescindibles para la vida. Además, aporta oxígeno al medioambiente.

Los árboles dan sombra y protección a aves e insectos, proporcionan frutos y medicamentos, es materia prima de la celulosa, con la que se fabrica el papel, su madera sirve para la construcción de viviendas y de muebles y para muchos pueblos pobres es el principal combustible.

La brecha se aumenta entre los ricos despilfarradores, insensibles e indiferentes y entre los pobres cada vez más expuestos a ciclos de inundación- sequía, seguidos de hambrunas y recrudecimiento de enfermedades.

Si se terminan los árboles, estaremos terminando nuestra vida. Si la Declaración Universal de los Derechos Humanos se escribiera hoy, se redactaría la apremiante necesidad del árbol como derecho humano. La vida en el planeta Tierra está inexorablemente ligada a la existencia de los árboles. Por favor, cuidemos los arboles para proteger la vida, no sigamos destruyendo nuestra madre tierra.