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Beneficio compartido

Japón es un archipiélago compuesto por 6,852 islas. Los caracteres que componen su nombre pueden significar “el origen del sol” o “la base del sol”, motivo por el que el país también es conocido como la Tierra del Sol Naciente, ya que, desde la perspectiva de China, el sol sale desde Japón.

Por otra parte, Tokio, su capital, es la mayor área metropolitana del mundo, con más de treinta millones de residentes. Y, a su vez, Tokio es la ciudad más grande del mundo en cuanto a extensión. Hace poco le escuchaba decir a alguien que tuvo la dicha de conocer este país; en especial, su capital: “Todo se ve tan bien y ordenado”.

“La gente tiene estilo y siempre hay algo qué hacer que tiempo hace falta”. Sin embargo, lo que más me impactó de su relato fue lo relacionado a la actitud de las personas. “Ahí no va a encontrar una sola basura tirada en la calle o en ningún lugar”, continuó diciendo. “Y la gente que circula por las calles, si necesitan cruzar al otro lado, lo hacen siempre por las franjas de peatones.

Aunque estén retiradas siempre las buscan. Lo mismo para los puentes peatonales y para cualquier otra señal que haya que obedecer”, pero todavía falta la mejor parte. Según esta persona, al no ver basura tirada, se imaginó la abundancia de basureros por todos lados (¿se lo imaginó usted también, querido lector?), pero no fue así, fue difícil encontrarlos.

Lo mismo para lo relacionado con las señales y las franjas: no hay un policía en cada esquina cerciorándose de que se cumpla con el orden. Luego de investigar, pues, con un nacional, el secreto salió a luz: el beneficio compartido. “Los padres desde temprano les enseñan a sus hijos a hacer todo eso”, dijo.

Y la razón que lo respalda: todos se benefician de ello. ¿No les parece que esa es una luz que debería nacer siempre en nuestro horizonte?