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El pulpo del narcotráfico

El pulpo del narcotráfico en Honduras y sus innumerables tentáculos han enredado a los gremios de poder, empezando por los Gobiernos, en especial en la última década, donde los últimos dos Presidentes de la república, y precisamente del Partido Nacional, están en la mira judicial estadounidense.

Los mandatarios Porfirio Lobo Sosa, quien gobernó de 2010 a 2014, y Juan Orlando Hernández Alvarado, quien lleva seis años en el poder desde el año 2014 y sus dos años de reelección.
Donde los antecedentes familiares de estos dos presidentes testifican la presencia de los tentáculos del narcotráfico en Honduras, de acuerdo con la justicia gringa.

Pues Fabio Lobo, hijo del exmandatario Lobo Sosa, guarda prisión por 24 años por haber sido señalado de actividad del narcotráfico, y Juan Antonio Hernández, el hermano del actual presidente Juan Orlando Hernández, se encuentra en juicio continuo y donde es señalado de narcotraficante, según las declaraciones de los testigos extraditados por la ley estadounidense.

O recordar el proverbio sobre estos casos del narcotráfico hondureño: “una sola golondrina no hace verano”, cuando el malogrado analista Alfredo Landaverde confirmó y denunció en el año 2011 que Honduras se estaba convirtiendo en un narcoestado. Aclaración verdadera y valiente que le costó la vida a este probo y buen hondureño, que hizo ver que este pulpo del narcotráfico había llevado sus tentáculos en especial a los poderes del Estado y a las Fuerzas Armadas.

Otro tradicional adagio, de “ojos que no ven, corazón que no siente”, se estaba dando en Honduras, pues la justicia hondureña, además de ciega, es muda y tienen que ser los ojos extranjeros los que denuncien estos actos y apliquen la ley. Y recordar que cuando Estados Unidos estornuda a un país llamado Honduras le da gripe.