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El triste

Hace unos días, el mundo de la canción perdió a su príncipe: José Rómulo Sosa Ortiz, mejor conocido como José José, quien falleció dejando tras de sí un inmenso legado musical que trascendió fronteras y generaciones.

Una de sus canciones insignes fue “El triste”, una obra melancólica donde el autor deja ver su profundo pesar por la pérdida de un amor que ha hecho que hasta la golondrina emigre presagiando el final. No es extraño llamarle también “El triste” a nuestro país que está siendo exhibido y mancillado en su honor en las cortes de Estados Unidos; el triste pueblo de Cabañas, el triste pueblo que se ahoga en la lipidia, el triste pueblo que, cegado, no levanta su voz exigiendo corazón y manos limpias a quienes gobiernan.

Es lamentable observar que una parte del triste pueblo es defensor de lo indefendible, en las redes sociales y espacios públicos todavía arguye abogando por quienes por honor y decencia debiesen hacerse a un lado.

Bien decía el mítico líder del siglo anterior que “cada pueblo tiene los gobernantes que se merece”; cuanta verdad en dicha expresión. Cuanta tristeza que los aparatos de “justicia” en nuestra Honduras sean adláteres encubridores de lo que está saliendo a la luz, y el triste pueblo siga tan pasivo cuando la golondrina sigue presagiando el final.

Miles de compatriotas decepcionados absolutamente de esta patria huyen a diario de la pesadilla que viven, generando más y más emigración; de la misma manera la inversión extranjera no pondrá sus ojos en el triste pueblo de Morazán cuando sabe que es un estado fallido, con su brújula moral completamente perdida en el océano de la más oscura corrupción.

El saldo es rojo en cuanto a la reserva moral de las altas magistraturas del país; no hay ningún acervo de honor y dignidad en la dirección de la nación. Dios mediante amanezca un nuevo día de alegría para esta patria que por hoy sufre la noche larga de una tristeza inmerecida.