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Rutas mortales

La Dirección Nacional de Vialidad y Transporte reportó que para agosto del presente año, la cantidad de muertes por accidentes de tránsito sumaban 1,039, o sea 130 al mes, cuatro al día, una cada seis horas. Estas cifras se han venido incrementando desde 2017. Transitar por una vía pública en nuestro país es una actividad de altísimo riesgo. Da la impresión que se han puesto de acuerdo la imprudencia temeraria de los conductores con la irresponsabilidad de las autoridades, para que esto suceda.

Cada año va aumentando el número de muertos por esta causa. 82% son hombres con edades entre 26-61 años. Hogares desprotegidos por ausencia del líder y proveedor de familia. Carencias, miseria y desintegración familiar como resultado. Los semáforos son adornos de luces. El casco es gorra, ya que una buena cantidad de motociclistas los usan como tal.

Los couriers de comidas rápidas y la última versión de ellos, los motociclistas independientes de las plataformas de entrega a domicilio, han llevado la situación a un máximo de inseguridad en calles y avenidas. Una buena cantidad de los conductores de camiones y rastras tienen el ego distorsionado por el tamaño de sus máquinas y así conducen. Sumado a todo esto tenemos al ciudadano común que conduce temerariamente. Chateando o hablando por el celular, altas velocidades, agresivos y confrontativos, irrespetando todo y a todos.

Pero para eso está la autoridad, para poner orden en esta selva, para velar que nadie viole la ley o que irrespete las señales de tránsito y tome la vida de otras personas en sus manos.

Deben existir leyes más severas con esta estirpe de antisociales. Revocarles la licencia de conducir de por vida, cárcel no fiable ni conmutable y pago de daños a terceros. Incluso, la ley debería contener penas para los dueños de camiones también, no solo a los conductores. Sería una medida coercitiva para que estos se aseguren de contratar profesionales para confiarles estas máquinas de muerte.

Porque no es justo que exista la autoridad para poner orden y cada año haya más desorden y muertes. Es una irresponsabilidad que raya en indiferencia. No es justo con las familias, los hijos, las madres, las esposas de los muertos. ¿A esas familias quien les va a resarcir el daño causado?

No es justo. En este país tienes una alta probabilidad, si no mueres a mano de la delincuencia común, de morir en un accidente de tránsito causado por un prepotente que no tiene ningún respeto por su vida, mucho menos por la de los demás.