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¡Bienvenidos a la realidad!

Luego del largo feriado, mal llamado “morazánico”, los hondureños nos enfrentamos nuevamente con la realidad del país, de la que buscamos escapar por unos días, para disfrutar de la Honduras de paisaje.

Regresamos al escenario socio-económico y políticamente polarizado, en el que desconfiamos de todo y de todos; en el que deseamos ver al futuro con esperanza, pero del que tenemos suficientes motivos para actuar con reservas.

Después del asueto, los niños y jóvenes volverán a las aulas, un poco más despistados ante la falta de continuidad del proceso enseñanza-aprendizaje, luego de la interrupción constante previa, por las fiestas patrias, por el día del maestro y luego por estos tres días cuyo motivo quizás la mayoría desconoce, pero igual celebran.

Seguramente para muchos el mayor legado de Francisco Morazán sea el largo feriado, porque en la vida práctica pocos conocen realmente lo que debemos al Paladín de la Unión Centroamericana.

La separación de la Iglesia y el Estado, la primera imprenta, la educación para todos, impulsadas por Morazán, ideas y acciones avanzadas en el momento histórico en el que le tocó vivir se quedan cortas ante la “trascendental semana”.

Se acabó el jolgorio, la distracción y la alegría, hoy retomamos la vida cotidiana, que quizá sea dura, pero es la que tenemos.

Volvemos a la realidad de los apagones constantes, como una triste metáfora del oscurantismo imperante, de las noticias de “dime que te diré”, en contra y a favor de señalamientos de corrupción, ante una ciudadanía incrédula que se entretiene con el circo absurdo.

Regresamos a la discusión del aumento del presupuesto nacional, del nuevo Código Penal y del juicio en Nueva York, cuyos resultados conoceremos en su debido momento, pero que por ahora, en sí mismo, nos hace ver mal como país.

Será tarea difícil revertir las percepciones negativas, no solamente para un Gobierno, sino para un Estado completo. Está de por medio la atracción de inversión nacional y extranjera necesaria para recuperar al menos el ritmo de crecimiento que tuvo el país hace dos años.
Antes de intentar reconstruir la confianza en las instituciones y en las leyes como debería ser en un verdadero Estado de Derecho es indispensable una reestructuración de todo el sistema. No es un asunto de ideologías políticas, sino de una verdadera conciencia sobre la situación nacional.

Pretender construir una realidad a base de mensajes optimistas sería un camino equivocado, especialmente en este mundo interconectado, en el que tenemos a la mano la posibilidad de contrastar información casi en el instante en el que se produce.

Estamos nuevamente en esa realidad, en la que es difícil sostener un discurso que no tenga respaldo real, en el que la ficción solamente gusta cuando se trata de entretener, pero no para proporcionar certeza.

Estamos de regreso en este escenario, de migrantes en ruta y otros retornados; del tercer país seguro, cuando no se ha logrado ni siquiera cumplir con las responsabilidades para los ciudadanos plenos.

Los retos de Honduras son enormes, acaso como pocas veces antes. No se trata solamente de los desafíos para un Gobierno, que en algún momento dejará de serlo, sino para los ciudadanos que nacimos en esta tierra y decidimos crecer en ella.

Si estamos listos o no para hacer frente al futuro que está a la puerta, está por verse. Eso sí: no podemos quejarnos, ya tuvimos tiempo “morazánico” para recuperar fuerzas. ¡Bienvenidos todos!