Más noticias

Viudas y huérfanos ante la ley

En la ley mosaica como máxima inspiración de la justicia divina se establecía como disposición legal que en las cosechas no se rebuscara hasta el último rincón de las plantaciones, sino que el sobrante o rastrojo fuera dejado allí para que luego fuera recogido por los pobres, las viudas y los extranjeros. Aquella disposición mantenía en pie una pirámide de justicia que pocos hombres o pocas culturas han podido superar o alterar. Y esa misma pirámide sigue vigente hoy, es la medicina correcta para un mundo que criminaliza al extranjero, que ignora las viudas y los huérfanos y, sobre todo, como en nuestro caso, cuando esas viudas y esos huérfanos son producto de una violencia, de la que, en última instancia, todos somos responsables.

Sí somos responsables, ya sea por acción o por omisión, pero todos compartimos algo de la culpa por esta ola criminal que nos ha abatido, por esa criminalidad que ha arrancado a padres, a madres y a hijos. Esa ley entre los judíos mantenía el equilibrio entre el poderoso y el débil, era una señal clara de un derecho que, como tal, debe ser analizado y revisado en cualquier momento para que responda a las particularidades de un tiempo y una situación.

Mantener esa pirámide de justicia y esa preocupación por los más débiles entre los débiles no solo trae consigo un elevado concepto de justicia, sino que prepara a la sociedad para la solidaridad y la compasión, fomentando unos valores sobre los cuales se puede construir con seguridad una sociedad humana, piadosa y pacífica.

¿Cuánta comida se bota en los supermercados y en los restaurantes? ¿Cuánto es el desperdicio en nuestros propios hogares sin que reparemos que lo que nosotros botamos es lo que otros necesitan? ¿Cuánto pueden compartir los empresarios, cuánto pueden compartir las escuelas, cuánto pueden compartir los bancarios? Ese derecho dentro de la cultura judeocristiana, si bien reconoce una inspiración divina, también reconoce que al hombre le es entregada esa responsabilidad de pensar por el necesitado, de defender al débil y, por lo tanto, promover a través del derecho las compensaciones que balanceen esa justicia que no es humana; pero que a los humanos les ha sido confiada su guarda y su custodia.

¿Por qué no establecer en Honduras una ley de compensación para las víctimas de la violencia como las viudas y los huérfanos?, ¿por qué no construir una sociedad más justa, más humana y más solidaria sanando el dolor de sus miembros más débiles? Nadie va a perder, pero todos vamos a ganar.

Una escuela privada que comparta cinco becas con niños huérfanos por la violencia hasta 3,000 metros a la redonda de su centro de enseñanza, una amnistía tributaria a nivel fiscal y municipal para los bienes de las viudas o de huérfanos producto de la violencia y la criminalidad, un perdón de intereses totales y una readecuación de deudas por parte de los bancos para quienes hayan quedado en estado de viudez u orfandad producto de la violencia. Si hacemos números fríos, muchos dirán que es otra carga más, pero si los vemos con humanidad, todos verán heridas sanadas, vidas rescatadas y, con ello, todos, absolutamente todos, vamos a ganar. No obstante, todos podemos hablar, todos podemos discurrir, pero habrá alguien con poder que nos esté escuchando, habrá un legislador con poder de iniciativa legal para que se deje tocar por el dolor ajeno y dé comienzo a la construcción de una nueva sociedad, eso es lo que todos esperamos.