Más noticias

El año más violento del siglo

La luna de miel continúa. Las encuestas -y las benditas redes sociales- sugieren que millones de mexicanos le siguen dando su apoyo y el beneficio de la duda al presidente Andrés Manuel López Obrador. Esto a pesar de que 2019 está en camino de convertirse en el año más violento del siglo y, posiblemente, de la historia moderna de México.

Esta luna de miel de 9 meses tiene, por supuesto, su razón de ser. Ante los ojos de sus seguidores, AMLO es un líder congruente. Da la cara; no conozco a ningún presidente del mundo que dé una conferencia de prensa diaria. Cuando fui a “La mañanera” no tuve ningún impedimento para preguntar lo que yo quería. Suele meter en aprietos a su equipo de seguridad por su constante cercanía con la gente. Prometió austeridad y, por lo tanto, viaja en clase económica y quiere vender el avión presidencial y ha hecho de la corrupción el tema central de su gobierno. Hace lo que dice.

En uno de los gestos más simbólicos -¿y populistas?- AMLO se rehusó a vivir en la residencial oficial de Los Pinos. La acabo de visitar y el nuevo centro cultural es un recordatorio de los lujos, excesos y abusos de los expresidentes mexicanos. Se construyó una casa para los perros de Peña Nieto, según me informó un funcionario. Vi canchas de futbolito y tenis con pasto artificial y un paseo del ego con esculturas de varios exmandatarios.

Pero lo más impresionante de Los Pinos es cómo dejaron la veintena de casas, salones y oficinas: casi vacías, pelonas, con paredes en blanco y cables desconectados, hasta parece que se arrancaron maderas de las ventanas de una recámara presidencial. Entiendo por qué AMLO no quiso vivir en Los Pinos, aunque pudiera argumentarse perfectamente que vivir en Palacio Nacional tampoco es señal de moderación y austeridad.

A pesar de que las políticas económicas de AMLO han sido muy cuestionadas -México podría caer pronto en una recesión- no hay duda que ha cambiado la imagen y la dirección de la Presidencia; es lo público sobre lo privado. Pero la gran falla de su gobierno ha sido la incapacidad para reducir el crimen. (La masacre de Coatzacoalcos ya es peor que la de El Paso, Texas).

Las cifras son espeluznantes. Han sido asesinados 23,027 mexicanos desde el primero de diciembre de 2018 al 31 de julio de 2019. Estas son cifras oficiales de homicidios dolosos (https://bit.ly/2VzjBsf ).

Los feminicidios siguen fuera de control: 662 mujeres fueron asesinadas en el mismo período por el simple hecho de ser mujeres. Y nos acaban de matar a otro periodista. México es uno de los países mas peligrosos del mundo para ser reportero. ​Esto no es normal.

El primer año de López Obrador puede ser el más violento de nuestras vidas. Entiendo que este es un problema que viene desde 2006, cuando Felipe Calderón les declaró la guerra a los narcos. La Guardia Nacional -la solución propuesta por AMLO- apenas comenzó sus operaciones en junio y se espera que tenga 80,000 elementos para finales de año; pero no hay ninguna señal de que la estrategia anticrimen esté funcionando.

​Hay que tomarle la palabra al Presidente. “No quiero seguir responsabilizando a la administración pasada y a los de antes de esas administraciones”, dijo recientemente. “Ya es nuestra responsabilidad… Ya sabemos. Hay graves y grandes problemas nacionales y los tenemos que enfrentar”.

Por primera vez, desde que asumió la Presidencia, AMLO ha tomado responsabilidad de los muertos. Sí, son sus muertos, y esto es vital. Podemos discutir sobre la cancelación del aeropuerto, los juicios a expresidentes y hasta dónde debe dormir la familia presidencial, pero la prioridad de todo presidente debe ser proteger la vida de los mexicanos. ​Que no nos maten, que no nos roben, que no nos secuestren ni nos violen. Ese es el grito de auxilio de los mexicanos, y en eso López Obrador, al igual que los dos presidentes que le precedieron, ha fracasado.

​La luna de miel puede terminar abruptamente si la gente se da cuenta de que su presidente no va a cumplir una de sus principales promesas. Las pesadillas acechan, no importa dónde se duerma.