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Bajo tiranía

En el 198 aniversario de la independencia política tenemos muy poco que celebrar y mucho que lamentar. Ciertamente, el país ya no está subyugado bajo la Corona española, ahora los verdugos tienen nuevas caras: pobreza, corrupción, falta de oportunidades y todo tipo de enemigos que se levantan contra la patria.

El pálido azul de la bandera también se manifiesta en un pálido presente, que seguirá así mientras tengamos los gobernantes que tenemos. Mientras no exista transformación y se regrese al Estado de derecho muy difícilmente los amaneceres del desarrollo nos alcanzarán.

La tiranía de la corrupción estatal priva al pueblo hondureño de un sistema de salud digno que responda adecuadamente a las necesidades de la población, esa megacorrupción le aleja de tener un sistema de educación público que honre a los maestros con salarios justos y los alumnos con calidad en su formación.

La crueldad de los nuevos tiranos no tiene parangón, se ensañan contra el pueblo cortando las alas de la justicia, que tanto anhela volar con libertad en esta tierra. La justicia está encarcelada en lo más profundo de los pozos de impunidad que han construido los políticos de estas honduras.

El Estado de derecho se ausentó ante las gravísimas violaciones de la Constitución de la república, no hay respeto alguno por la legalidad y por las altas normas del derecho, ello ha traído como consecuencia directa un país sin dirección y con rumbo a la nada.

Aguardamos que se haga realidad la bella expresión del himno nacional cuando canta ‘de un país donde el sol se levanta’, pues por ahora la noche es oscura y pesada bajo la más negra penumbra de la impunidad e injusticia. Un día habremos de ver y escuchar que la armonía de la justicia dirige el nuevo concierto de la paz que tanto anhela este pueblo, que sigue bajo la tiranía de la impunidad.